Le vi una a Abel Pacheco y ahora la de Laura Chinchilla, de hecho sé que de ellas no sale nada que tenga pies ni cabeza, no por falta de capacidad intelectual de cada uno de sus miembros,no. El problema es que reunidos convocados por la figura del jefe o jefa del ejecutivo, se encienden en un embeleso que no tiene nada que ver con la realidad, desde luego que un grupo de personas reunidas, con la tarea de dar un diagnóstico y un informe de sugerencias, no escatimará en dejarse llevar por una especie de frenesí filosófico que nada tiene que ver con la realidad del país.
Los países no se arreglan con ocurrencias, los países se arreglan con decisiones firmes emanadas del ejecutivo y revisadas concienzudamente por el aparato legislativo, se arreglan con presidentes que se atrevan a mojarse echándose al agua, sin miedo y con propuestas sensatas, no con ocurrencias.
Basta leer el consejo de meterle treinta dolores de cabeza más a la Asamblea Legislativa, para echarse a llorar sin esperar que se acabe el menú. Treinta diputados más, ¡válgame Dios!, o como dicen los muchachos y muchachas en las redes sociales “xD” (por Dios); claro que esa muestra de falta absoluta de sentido común es para hacer llorar al más estoico de los ciudadanos.
Pongámonos serios, demandemos de la señora Presidenta que asuma su responsabilidad y tome las decisiones sensatas que deba tomar (o que no tome ninguna), pero que no se tome en serio las sugerencias de los notables, que las publique para podernos reír a mandíbula batiente eso sí, pero que las deje como siempre se han dejado en el pasado las sugerencias de los notables: junto al reloj de Aquileo. Si es del caso que no tome ninguna decisión trascendental, ya es tarde para hacer milagros, que se aboque a lo que ha hecho en tres años si es del caso, pero que no se tome a pecho ningún disparate.
Que no se preocupe por la historia de su gobierno, los últimos han sido parecidos al suyo, sin penas ni glorias, algunas veces uno siente que un país como el nuestro se las pasa bien con cualquier administración, e incluso que por último quizá lo único necesario en este país sería nombrar un gerente de operaciones y olvidarnos del juego de la democracia.
Una vez allá por 1980, leí el libro de Constantino Láscares sobre los presidentes nuestros, y una sola frase suya valía por todo el libro, la cito textual : “en Costa Rica la mayoría de los presidentes han sido personas buenas, que si bien nunca han logrado nada relevante, tampoco han causado daño…”. Esa frase me llevó al convencimiento de que los costarricenses hemos tenido mucha suerte o quizá la herencia genética de la colonia fue magnánima, otorgándonos una calidad humana mejor que la del vecindario, con algunas excepciones. La historia nuestra ha sido buena con su juicio sobre los gobiernos y gobernantes, con quizá las salvedades de los hermanos Tinoco y los hermanos Calderón, las demás administraciones han sido relegadas al olvido casi que en menos de un cuatrienio, así que esta no será la excepción.
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