George Rodríguez EP. La represión opositora que registra Nicaragua, en el marco de la violenta crisis sociopolítica que hace más de un año golpea al país, y que ha tenido como uno de sus objetivos a sacerdotes católicos, ha obligado, a por lo menos dos religiosos, a exiliarse, informó este domingo, el diario nicaragüense La Prensa.
Se trata del padre César Augusto Gutiérrez, del sector de Monimbó, en la occidental ciudad de Masaya, a unos 45 kilómetros al sureste de Managua, la capital nacional, y del presbítero Pedro Denis Obando, de la noroccidental ciudad de Estelí, a unos 150 kilómetros al noreste de Managua, indicó el diario, en nota informativa que tituló “Sacerdotes que han sido blanco de ataques orteguistas se suman a la lista de exiliados”.
En el caso de Gutiérrez, el sacerdote “salió de Masaya antes que llegara la ‘operación limpieza’ —efectuada el 17 de julio— porque había recibido amenazas de muerte y cárcel al querer acusarlo de financiar el terrorismo, contó a LA PRENSA desde su exilio en Guatemala”, de acuerdo con la versión periodística.
La “operación Limpieza” fue una fuertemente represiva acción policial y parapolicial llevadas a cabo para despejar los puntos de la red nacional de carreteras donde comunidades opositoras colocaron “tranques”.
Los “tranques” son los bloqueos de sectores carreteros, a nivel nacional, montados para tratar de impedir el avance de fuerzas represoras hacia diversas comunidades en resistencia antigubernamental pacífica.
“El sacerdote vivió en carne propia la represión policial. Él servía de mediador junto con el secretario ejecutivo de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (Anpdh) para que liberaran a los detenidos por la Policía Orteguista (PO) y en una ocasión recibió el impacto de bombas lacrimógenas” agregó La Prensa.
El periódico hizo, así, referencia a Álvaro Leiva, el secretario ejecutivo de la Anpdh, quien está exiliado en Costa Rica, país que comparte frontera terrestre de 309 kilómetros con Nicaragua.
“Gutiérrez salió del país en vehículo privado con vidrios polarizados y a través de veredas (senderos), pues le habían aconsejado que no circulara por los puestos fronterizos”, de acuerdo con el relato periodístico.
En el caso de Obando, el religioso decidió salir de Nicaragua, debido a las amenazas de que fue objeto, por haber denunciado violaciones a los derechos humanos por parte del régimen encabezado por el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, indicó el diario.
Ese sacerdote “abandonó el país hace pocas semanas por las amenazas de muerte que recibió de personas ligadas al gobierno que lo presionaban a que informara de los movimientos de monseñor Juan Abelardo Mata Guevara, obispo de la Diócesis de Estelí”, precisó.
Al citar a Mata, el periódico informó que la hostilidad contra Obando databa de años.
“ Obando vivió persecución desde años atrás porque también denunciaba las violaciones a los derechos humanos, desde que asesinaron cruelmente a varias personas en el norte del país- donde el sacerdote estuvo ubicado en la comunidad Juan Pablo Segundo, entre la zona de Mulukukú y Río Blanco- ‘entre ellos a dos niños (…)’, explicó Mata en su momento”, según La Prensa.
El acompañamiento sacerdotal hizo que los religiosos se convirtieran, desde el inicio de la crisis, en objetivos de la represión que afecta a diferentes sectores nicaragüenses, relató, además.
“Desde la primera ola de represión ejecutada por el régimen de Daniel Ortega en abril de 2018, sacerdotes y obispos de la Iglesia católica también se convirtieron en blanco de ataques por acompañar a la ciudadanía en su demanda de democracia, justicia y libertad”, indicó.
Entre otros ejemplos, el diario destacó el caso del obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, uno de los más destacados críticos del régimen orteguista, entre los 10 integrantes de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN).
“El 23 de abril (de este año) monseñor Silvio Báez partió hacia Roma obedeciendo a un llamado del papa Francisco”, señaló, para explicar que, “por la posición crítica del obispo hacia el gobierno, se cree que el viaje se trató de una forma de exilio, además que también recibió amenazas de muerte y sufrió asedio”.
Estallada el 18 de abril –hace un año-, la violenta crisis sociopolítica nicaragüense se caracteriza por la represión policial y parapolicial antiopositora, que ha cobrado centenares de vidas, generado miles de heridos, detenidos, y desaparecidos, dañado en gran escala a la economía nacional, y determinado que decenas de miles de nicaragüenses emigren, principalmente hacia la limítrofe Costa Rica -donde más de veinte mil personas han solicitado refugio-.
La represión ha sido, desde entonces, la respuesta sostenida del régimen de Ortega y Murillo, ante la masiva exigencia popular de que ambos renuncien.
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