Que si el siguiente Papa será el anticristo, que será Pedro el romano etc. Yo creo, que se llame Pedro el romano o Juan Charrasquiado, será un Papa más en la larga lista de dos mil años de historia. Impondrá su estilo y quien quita y termine convocando a un Concilio que tanto necesita la Iglesia como institución y los católicos como pueblo.
Dejemos de lado las agoreras voces de las teorías conspiratorias, que tanto venden en los distintos medios que explotan la ignorancia y el morbo populares. La renuncia de Benedicto XVI, pone en evidencia su lucidez y su estatura intelectual, él sabe que su fuerte no es el show mediático, es la teología que maneja como pocos, por esa razón tiene enemigos intelectuales como Hans Küng, que le respetan y admiran.
Un hombre de 85 años puede seguir pensando, escribiendo, dictando cátedra, pero el peso de las responsabilidades que impone el papado sobrepasan sus fuerzas físicas. Sólo imaginemos ese Viacrusis en el Capitolio romano en Semana Santa, a su edad, la larguísima y compleja misa crismal, y tanta polémica en el mundo: matrimonio homosexual, F.I.V., aborto, eutanasia, escándalos de pedofilia y un largo etcétera.
La posición de este Papa es claramente la mejor, es un acto valeroso de honestidad intelectual, está dejando la máxima jefatura de la Iglesia Católica, sin que medie más que la sensatez y la razón. Retirarse antes de hacer el ridículo, retirarse antes de cometer errores que viniendo de él son mas nocivos.
En este mes y el siguiente, podremos leer y ver las más descabelladas “profecías” de pacotilla, no hay duda, se barajará un Apocalipsis con anticristo incluido, se barajarán nombres de cardenales, el mismo Benedicto ya tiene su “cardenal in pectore”. Es lógico, de todo habrá y al final no habrá nada más que una elección papal más, humo blanco incluido.
Todo pasa y no pasa nada, únicamente hemos sido testigos de un acto de lucidez, nos cuesta entenderlo en un mundo cada vez menos lúcido, menos digno de fe, más anacrónico, un siglo que se perfila como el final de la fe en la tierra, porque hemos llegado a divinizar el consumo y la sensualidad: hemos adorado la cultura de la muerte. Tenemos por delante días aciagos, no por la renuncia del Papa, serán aciagos porque hemos dejado la sensatez de lado y nos hemos abocado a admirar el reinado de la estulticia.
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