REDACCIÓN AGENCIAS.-La polémica gira del mandatario libertario reaviva los cuestionamientos a su estilo confrontativo. Mientras proclama los éxitos de su programa económico, la pobreza vuelve a crecer, millones de argentinos enfrentan dificultades para cubrir sus gastos y la inversión extranjera retrocede.
La visita de Javier Milei a España dejó una nueva controversia política por su discurso cargado de odio contra los “zurdos” españoles, a quienes calificó de “empobrecedores”, pese a que su país atraviesa una profunda crisis económica.
Sus ataques al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y sus enfrentamientos con periodistas provocaron cuestionamientos que trascendieron a la oposición argentina y alcanzaron a sectores de la prensa habitualmente críticos del kirchnerismo.
Milei cerró su visita rápida a España donde fue a apoyar a la derecha de ese país, pero lo que logro cosechar fue una molestia generalizada, dudas sobre su salud mental y una escalada en su contra incluso en la Unión Europea.
Las declaraciones contra el jefe de Estado español, a quien no más llegar a Madrid trató de “ladrón” e “Impresentable dictador” hicieron que el foco se posará con crítica sobre el argentino, quien no se vio en su mejor estado físico, y con un evidente parche en el cuello que hablaba mal de su salud.
Vergüenza ajena
La expresión “vergüenza ajena”, recogida por la cadena española La Sexta, sintetizó algunas de las reacciones al comportamiento del mandatario y se repitió en noticieros y espacios de opinión en Argentina.
El diario La Nación puso el foco en la incomodidad generada entre sus aliados españoles, mientras Clarín examinó las consecuencias de su intervención en la disputa política de ese país.
Pero detrás del enfrentamiento diplomático emerge una discusión de mayor trascendencia: la distancia entre el relato de recuperación económica que promueve Milei y las condiciones materiales de buena parte de la población argentina.
El presidente sostiene que su administración consiguió reducir la pobreza desde niveles cercanos al 57%. La afirmación, sin embargo, fue calificada de engañosa por el medio argentino Chequeado, al comprobar que combina una estimación mensual correspondiente a enero de 2024 —cuando Milei ya gobernaba— con mediciones de períodos posteriores.
Las cifras oficiales permiten una lectura más precisa. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la pobreza afectaba al 41,7% de la población urbana relevada en el segundo semestre de 2023, último período de la administración de Alberto Fernández. Durante el primer semestre de 2024, ya bajo Milei, ascendió al 52,9%.
Posteriormente descendió hasta el 28,2% en la segunda mitad de 2025. Sin embargo, esa recuperación perdió impulso: el INDEC confirmó que la pobreza volvió a aumentar al 32,3% en el primer semestre de 2026.
La comparación entre el cierre de 2023 y el último dato oficial arroja una reducción de 9,4 puntos porcentuales, considerablemente inferior a la magnitud que suele destacar el mandatario.
La mejora respecto de los máximos de 2024 es innegable. También lo es que el repunte reciente dejó nuevamente a casi uno de cada tres argentinos bajo la línea de pobreza.
El contraste se vuelve más evidente al observar los ingresos familiares. La reducción de la inflación, uno de los principales logros reivindicados por el Gobierno, no garantiza por sí sola una recuperación sostenida del poder adquisitivo.
Los precios pueden aumentar a menor velocidad mientras los salarios y otros ingresos continúan siendo insuficientes para cubrir las necesidades de los hogares.
Un informe de Associated Press, publicado tras conocerse las cifras de pobreza de septiembre, señaló que el ingreso promedio por persona en los hogares creció un 11,5% durante el semestre, frente a un incremento cercano al 20% en el costo de la canasta básica utilizada para medir la pobreza.
La fragilidad económica tampoco se limita a los ingresos.
En el terreno productivo, la evolución de la inversión extranjera plantea interrogantes sobre la capacidad del programa liberal para atraer capitales.
Según cifras de la OCDE difundidas por la prensa económica argentina, la inversión extranjera directa se redujo un 73,1% durante 2025, hasta aproximadamente US$3.134 millones.
El dato adquiere especial relevancia porque 2024 y 2025 fueron los primeros dos años completos de gobierno de Milei.
Aunque los flujos de inversión pueden verse afectados por operaciones empresariales extraordinarias y factores internacionales, la contracción contrasta con las expectativas de ingreso de capitales asociadas a la apertura económica y las reformas impulsadas por su administración.
La debilidad de la actividad también ha sido objeto de atención internacional. En un análisis publicado el 29 de septiembre, El País advirtió sobre el riesgo de una nueva recesión, después de una contracción del producto interno bruto del 0,6% en el segundo trimestre y una caída interanual de la actividad del 2,9% en julio.
El Gobierno defiende el equilibrio fiscal, la desaceleración inflacionaria y la reducción de la pobreza respecto de los máximos de 2024 como señales de que su estrategia está dando resultados.
Sus críticos, en cambio, cuestionan la sostenibilidad de esa recuperación ante el deterioro de los ingresos, la debilidad del consumo y la falta de dinamismo de la inversión.
Ese es el trasfondo económico que acompaña las controversias internacionales del presidente argentino.
Mientras Milei dedica parte de su discurso a confrontar con dirigentes extranjeros y periodistas, su administración enfrenta el desafío de convertir la estabilización macroeconómica en mejoras duraderas para los hogares, el empleo y la inversión productiva.
Su visita a España reabrió así un debate que excede las formas diplomáticas: no solamente cómo se comporta el presidente argentino fuera de su país, sino cuánto respaldo encuentran sus afirmaciones económicas en los resultados de su propia gestión.
