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Por Luis Paulino Vargas Solís*

Se hace pública la lista de grandes empresas que reportan cero ganancias y no pagan un cinco al fisco. Por favor, no nos quedemos en la anécdota. En esta materia, las aguas profundas son mucho más turbulentas que las superficiales.

1) El fraude fiscal grandote –como el de este tipo de empresas– es un fenómeno de “elusión” más que de evasión. O sea: se gesta en muy sofisticadas firmas de abogados y contadores, con la complicidad de grandes bancos. Mediante estrategias muy agresivas aprovechan cualquier pequeñísimo resquicio de la ley, para evitar el pago de impuestos. La “evasión” la hacen los pequeños, que simplemente caen –muchas veces por necesidad– en incumplimiento directo de la ley. Los grandotes recurren a mecanismos mucho más sofisticados y, por ello mismo, mucho más penumbrosos y retorcidos.

2) Estos grandes defraudadores –y sus abogados y contadores– no tienen en empacho en justificarlo. “Es legal”, dicen, con toda su carota lavada y sin el menor temblor en la voz. Tal cinismo es quizá la mejor prueba de su espíritu delincuencial. Trajeado elegante y exquisitamente perfumado. Pero delincuencial al fin. Porque lo suyo consiste en una operación deliberada tendiente a “exprimir” la ley hasta el límite de sus posibilidades y mucho más allá. Y hacerla decir lo que jamás estuvo en el espíritu del legislador que dijera. Es una operación de fraude planificada con rigor y meticulosidad, y por ello mismo mucho más espernible.

3) Ese fenómeno del “gran fraude” es un negocio –mejor dicho, una mafia– de alcance global: son redes de paraísos fiscales, firmas de abogados y contadores, bancos y diversas entidades financieras opacas. Toda una trama criminal globalizada dedicada a robar y saquear a los pueblos del mundo. No se combate, excepto marginalmente, con legislación y esfuerzos de escala puramente nacional.

4) Los países ricos –destacadamente Europa y Estados Unidos– que se muestran tan severos si de sancionar los incumplimientos tributarios de los pequeños países se trata, en realidad hacen un permanente ejercicio de hipocresía y doble moral, puesto que, de hecho, dentro de sus propios territorios hay grandes paraísos fiscales, donde se oculta la riqueza de los muy-muy ricos y de las grandes corporaciones transnacionales. Nevada, Delaware, Montana, Dakota del Sur, Wyoming y Nueva York son, en lo que a Estados Unidos compete, verdaderos paraísos fiscales. Pero Estados Unidos mismos, como país, y en su integralidad, lo son: por su negativa reiterada a colaborar con otros países en materia tributaria. Dentro de la propia Unión Europea están Luxemburgo, Irlanda e incluso Alemania, que tanto presume de ser ejemplo de orden y rigor. Por ello, mucho del “milagro” económico irlandés es pura ficción, inflada artificialmente por transnacionales que evitan impuestos localizando en Irlanda ganancias que se generaron en otros países. Como también Mónaco, Liechtenstein y diversas islas británicas. Hong Kong…y Suiza, desde luego, quizá el más glamoroso paraíso fiscal del mundo.

5) La competencia ruinosa entre países, cada quien intentado ofrecerle a las transnacionales las más bajas tasas tributarias posibles, es parte de este problema. Ello posibilita que se defraude el fisco de los países que mantienen tasas algo más altas, debilita los sistemas de seguridad social públicos y lanza las cargas impositivas sobre las clases medias y los más pobres.

6) Las grandes empresas –algunas de capital nacional, otras transnacionales– que aparecen en esta infame lista que se dio a conocer el día de hoy, seguramente alegarán que no hay hecho nada fuera de la ley. Son del tipo de ladrones que después de robar exigen que se les agradezca habernos dejado con vida. Y, por su poderío económico, podemos apostar que defraudan gracias a la “colaboración” de sus altamente remunerados asesores en materia jurídica y financiera. De seguro lo suyo es una defraudación que, por lo menos en parte importante, opera a través de esas redes globales a que hago referencia.

7) Si el fraude es global, se le debe combatir globalmente, mediante una vigorosa estrategia de cooperación de alcance planetario y tomando medidas enérgicas de sanción –incluso de proscripción explícita– de todos los paraísos fiscales del mundo.

8) De ahí la urgencia de que la política de combate el fraude tributaria dé el salto: es imprescindible construir una red planetaria de gobiernos y organizaciones ciudadanas que persiga a los ladrones y los exhiba a la luz del día. Y los gobiernos que no colaboran deben ser abiertamente denunciados y visibilizados como tales, algo que la OCDE –al fin y al cabo es solo el “club de los países ricos”– jamás hará, por más que se llenen la boca hablando de estrategia conducentes a combatir el fraude fiscal. Sola una ciudadanía global, empoderada y articulada a nivel planetario, podría lograrlo.

9) Hoy hemos conocido las grandes empresas que –pobrecitas ellas– reportan cero ganancias. Seguimos sin saber los nombres de quienes están detrás de esas empresas. Si son de capital nacional, con más razón. Pero incluso las transnacionales, cuyos representantes y socios locales deben dar la cara. El caso es que los “ricos-realmente-ricos” siguen fuera del radar. Hoy mismo La Nación –en su infatigable y obsesivo ataque contra empleadas y empleados públicos– saca a relucir lo que se les paga a quienes trabajan en la educación (véase aquí), sugiriendo, de forma nada sutil, que son salarios “excesivos”. Con escándalo nos dice: “El 52% de los docentes del MEP reciben salario mayor a ¢1 millón al mes”. Pues vea usted el contraste: hace dos meses, el Semanario Universidad sacó un reportaje sobre el salario reportado a la Caja Costarricense del Seguro Social por los “superricos” (aquí). 271 personas con salarios superiores a 15 millones de colones, inclusive 44 por encima de los 35 millones ¿Quiénes son esas personas? No lo sabemos, y con toda certeza La Nación jamás los publicará.

10) Pero el asunto va mucho más allá, porque, a decir verdad, los ingresos de los “ricos-realmente-ricos” no son salariales, excepto en una porción muy reducida. Sus ingresos vienen de otras fuentes: acciones de empresas; rendimientos de fondos de inversión o fondos inmobiliarios; bonos del gobierno; inversiones en bolsas de valores fuera de Costa Rica, alquileres de edificios de oficinas o de apartamentos, etc. Los datos que el Semanario Universitario publicó eran exclusivamente salariales. No tenemos ni la menor idea de cuánto sea lo que esa gente superrica obtiene de estas otras fuentes ¿Y cuánto pagan de impuestos? Nadie los sabe. Lo dicho: están fuera del radar, protegidos por las leyes, escudados detrás del silencio cómplice de los grandes medios (de los cuales son también propietarios), cobijados por sus amistades políticas de muy alto nivel.

11) Ese es el paso que sigue: visibilizar, con nombres y apellidos, a esas personas y saber, al centavo, cuánto pagan de impuestos.

  • El autor es Director CICDE-UNED y Presidente Movimiento Diversidad                                                                                                     FUENTE: Sonarconlospiesenlatierra.blogspot.com
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