Puede opinar de todo, al cabo su opinión por si sola no cambia nada, y el hombre de la masa lo sabe muy bien, pero no quiere dejar de opinar. El sabe que algún día o noche, común y corriente, llegará “la gran aplanadora” y todo se habrá esfumado tal y como comenzó en un día o una noche corriente. No quedará más que el recuerdo que los demás tengan de él, aun cuando esa opinión sea totalmente errada, no importa, y el hombre de la masa lo sabe muy bien, poco le importa la realidad de esta verdad: se es lo que se piensa y lo que somos para los demás es lo que ellos hayan llegado a pensar de uno, indistintamente de la veracidad de ese hecho.
Ser de la masa es lo normal, incluso los que se auto denominan grandes, en sus vidas son sencillamente hombres de la masa, por elevado que sea el rango o el grado que se ostente: se es nada en la vida de los demás. Lo más difícil es lograr hacerle comprender a los megalómanos que ellos son masa, tanto como el que más, y que no importa que tantos premios o nombramientos acumule: será hombre masa en la vida ordinaria de los demás, aún y cuando no lo acepte y crea que los demás son la masa y ellos son el centro del universo.
Los bienes materiales en demasía tampoco cambian en nada la posición de ser uno más, uno de la masa, siempre habrá quienes crean que son lo que tienen, pero esa multitud que les rodea no tienen el más mínimo interés por lo que el pueda llegar a acumular en su vida: bienes, títulos, posiciones, nombramientos, aplausos, vítores, todo es nada para el hombre de la masa que en sus momentos a solas se reirá inconscientemente de aquel pobre engreído, a sabiendas que nada, absolutamente nada, los hará diferentes.
La búsqueda de sobresalir es más un síntoma de baja autoestima que de desarrollo humano, el hombre de la masa con enormes conflictos existenciales no resueltos, buscará sobresalir de sus congéneres en una ciega e inútil búsqueda de trascendencia, que le llevará a dilapidar los breves momentos de dicha anónima creyendo lograr salir de esa masa que le acorrala y le iguala, que lo aparta apenas deja de estar presente, que lo considera un hombre anónimo más, pese a que el no quiere aceptar esa realidad: no puede resolver sus conflictos existenciales de baja auto estima quedándose en la masa, como se quedará por mas logros que crea haber conseguido.
No todo es malo, lo bueno de ser un hombre de la masa es que los recuerdos que dejemos serán nada en menos de medio siglo, y no habrán desaparecido sus nietos cuando ya nadie lo recuerde: podrán hablar de el, pero como se habla de una pieza de museo, no de un ser humano.
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