George Rodríguez EP. Los nicaragüenses deben cultivar la memoria histórica, como medio para desterrar definitivamente el ejercicio criminal y autoritario del poder, aseguró este domingo el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez.
La ausencia de capacidad para realizar ese ejercicio colectivo ha resultado en que se repita el pasado, aseguró Báez, al oficiar misa en la parroquia San Francisco, en un sector de Managua, la capital nacional.
El sacerdote, uno de los integrantes de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) más críticos del régimen del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, encabezó una de las numerosas misas llevadas a cabo este domingo, a nivel nacional, para rogar por los centenares de personas detenidas en el marco de la violenta crisis sociopolítica que convulsiona hace seis meses a ese país centroamericano.
“Tenemos que cultivar la memoria histórica. No hay que olvidar, para que las formas caudillistas, autoritarias y criminales de ejercer el poder sean eliminadas para siempre”, expresó el obispo, quien advirtió que “esto nos ha faltado en nuestro país. Por eso, en Nicaragua, el futuro de nuestro país es el pasado que regresa continuamente”.
Se trata de impedir, de esa manera, la reiteración de situaciones de agitación sociopolítica que resultan en la pérdida de vidas y en el estancamiento del país, explicó.
La memoria histórica “nos hará capaces de establecer procesos de justicia (…) para no volver a permitir que se repitan tales experiencias que han provocado la pérdida de tantas vidas inocentes y han sumido al país en situaciones de empobrecimiento a todo nivel”.
En ese contexto, el ejercicio de la actividad política debe transformarse cualitativamente, aseguró, además.
Al respecto, Báez planteó la necesidad de “purificar el ejercicio de la política, si queremos construir un nuevo país, en donde no haya ciudadanos de primera y de segunda clase, y los que gobiernan no estén ni fuera de la ley ni por encima de ella”.
Por su parte, y al oficiar otra de las misas, en este caso, en la Catedral Metropolitana de Managua, en otro sector de la capital, el vicario Rodolfo José López criticó el uso de la represión y la violación de los derechos humanos como manera de ejercer el poder.
Al criticar “la ambición desmedida de poder”, y a quienes lo ejercen “matando, torturando, y teniendo a esos jóvenes en la cárcel ilícitamente”, López solicitó a Dios “que ablande los corazones de los gobernantes para que liberen a los que están encarcelados y haya un cambio en el país”.
El sacerdote aludió así a los estudiantes que constituyen la mayoría de los detenidos en el marco de la represión antiopositora, y aludió también a Ortega lo mismo que a su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo.
“No caigamos en la tentación de los poderosos”, expresó, para subrayar que “el reino de Dios es un reino de justicia y de amor, y el gran obstáculo para traerlo a la Tierra es la ambición desmedida de poder”.
Las actividades religiosas se enmarcaron en la dramática situación nicaragüense que, estallada el 18 de abril, presenta, hasta ahora, saldo de por lo menos 500 víctimas fatales, miles de detenidos, heridos, y desaparecidos, daño masivo a la economía nacional, y emigración de decenas de miles de personas –mayoritariamente, a la vecina Costa Rica-.
Las manifestaciones masivas, en apoyo a la exigencia de renuncia por parte de la pareja presidencial, son reprimidas por agentes policiales –principalmente antidisturbios- y grupos parapoliciales, en general, actuando conjuntamente.
La represión antiopositora se lleva a cabo lo mismo masivamente, contra marchas callejeras y otras actividades públicas, que selectivamente, mediante detenciones y ajusticiamientos de opositores quienes son blanco de búsqueda individual.


