No se trata de no hablar, se manejan unas 150 palabrejas, de no oír: se confunde la eufonía con neumonía, y se ve con ese problema de miopía que ya había descubierto la escritora Yolanda Oreamuno, transformándolo en “astigmatismo aldeano”. Pero nada se hace. Las campañas de lectura se transforman en pintacaritas, payasitos, libros de dibujo, sin contenido, apologías del sí mismo que convierten a un mediocre escritor en un rampante especialista, triunfante de feria en feria, como si fuera un cómico de ustedes ya saben dónde. Los analfabetos funcionales son aparentemente el 72% de la población, medianamente adulta, que no tiene acceso, por decir algo, a reales programas de lectura, creación literaria o intercambio de libros, en esa biblioteca circulante que dejó hace mucho tiempo de transitar.
Aunque ustedes no lo crean, lo anterior tiene relación con lo que sigue. La deuda política aumentará un 149% en comparación al año 2010: 42.900 millones de colones que se reparte la industria política nacional, consignada a radio y televisión, prensa escrita, transportes, pago de funcionarios, alquiler de casas o locales, asesorías, sueldos de algunos candidatos. Para el pelo de cómo se bota la plata y cuánto sale costando el “afirmar” el significado de la democracia nacional. Siendo una expresión dispendiosa, favorece a los monstruos políticos en que se han convertido los partidos y a los pimpollos que nos creen representar. Entre más bobos nosotros, más vivazos ellos. Algo que se relaciona con la psicología de la transferencia, al revés, mientras todos nos ahogamos entre la subida de los precios, los intereses y todas esas bellezas de atracción fatal.
No es que uno sea necio o enfadoso. Es que una cosa debe enlazarse con la otra, dado que somos un sistema, una red de enlaces en donde unos sucesos modifican a los otros, estableciendo mallas. Como por ejemplo: los dominios y verdadera historia del “Palidejo”, ni tanto que le digamos sonrosado ni que se considere su rostro tan pálido que dé miedo. Una historia de película, como dice Mario Giacomelli, en donde todo se enlaza, desde la aventura del narcoludoca Camilo Torres, alias “Fritanga”, en Colombia, su preeminencia en la distribución de coca y otros menesteres en Centroamérica, sus locuras de la anterior semana, hasta la entrada por los puestos del Aeropuerto Juan Santamaría, Peñas Blancas y Sixaola, desde el año 2006, de los 14 seudoperiodistas, jefeados por doña Raquel Alatorre, 15 ingresos al país, ejecutiva, capturados en Nicaragua, de paso para Costa Rica, con 10 millones de dólares semiocultos en un chunchero de cámaras y camaritas, dándose también las filtraciones de que el señor no tan macilento, debería ser llamado perspicaz, manejó, en el área y desde Costa Rica, unos 1.000 millones de dólares en siete años. Fantasías, desvaríos, exageraciones. ¿Dónde está el dinero invertido? Quienes los ayudan a entrar repetidas veces, porque siempre los atrapan por sucesos fortuitos: asesinato de Facundo Cabral, fiesta-bacanal de una isla alquilada en la costa colombiana de una semana de duración, y luego descubrir que nuestro país se ha convertido, en décadas dice la prensa internacional, en una narcorepública, donde el secreto bancario y las coimas, compras de jueces, abogados, es apenas un esbozo de lo bello que encierra el paraíso tropical en esa red, por llamarla de alguna manera, que empieza en la selva colombiana pasando por Centroamérica, Costa Rica en particular, para ir a terminar en los bajos y altos fondos de Nueva York, Madrid o San Petersburgo.
Y qué me dicen, decimos, clamamos, sobre los caza esferas, buscadores de tesoros ocultos en la Isla del Coco, redes que buscan, con ayuda de foráneos y apapache de nativos, poner nuestros tesoros patrimoniales al servicio de aventureros o aventureras, para hacer parques temáticos, esos increíbles parques jurásicos, con montañas rusas y expendios de empanaditas y fresco de piña, para ayudar a la pyme ecológica: pura pulpa de preservantes y sabores artificiales.
Se dieron cuenta. Ponga el oído. Pelaron el ojo. De cómo nos hemos convertido en un bizarro enclave de la China Popular. En medio de sonrisitas, donaciones, mano extendida, dándonos a una apertura única en América Latina, solo el Congo nos iguala, donde la penetración del dinero de nuestros amables amigos, resultaron peor que las de Taiwán, solo que los destinatarios son otros, en el espectro político nacional. Costa Chaina, Confucio incluido, contribuye a la confusión general, al servilismo político, a la entrega de proyectos de conveniencia nacional e internacional, sin el menor rubor en los cachetes de nuestros políticos de turno ¡Ayyy, que divinos los chinitos! Así, en diminutivo, oí hablar a una viajera frecuente a la Muralla China.
Pero nada de eso se complica, pues está tan claro como un arcoíris de la suerte. Solo con ver, analizar, leer el índice de Competitividad Cantonal (2011), editado este mes por el Observatorio del Desarrollo (UCR) usted puede ir entendiendo lo que sucede, en los diversos cantones, regiones y zonas del país. Un vistazo sobre algo que nadie consultará, pues no se edita como libro y folleto, apenas por algunos cuantos que alzarán la ceja, perplejos o resignados de cómo anda la cosa real, y no las figuraciones metafóricas de nuestros políticos criollos. Para coronar el queque: el simpático y trágico, pero razonable acto de vender lo que ellos llaman Eurobonos, para apuntalar cinco años más a la clase política costarricense, con el pueblo incluido. Pero de eso hablaremos en otra entrega. Cambio y fuera. Por ahora.
Video relacionado:
