Muchos dudan de las intensiones de Eliasch y cuestionan que dichas tierras pertenecen a los indígenas.
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Carlos Alfaro | EP. El mundo se desangra por sus bosques, los principales pulmones de la Tierra y nadie hace nada. Muchas veces se trata de averiguar cuál de estas dos herramientas es más útil para cambiar el mundo; el dinero o el poder. Hasta que un magnate multimillonario sueco llamado Johan Eliasch, viajó por suelo Brasileño para comprar una parcela de selva amazónica gigantesca, una forma forma diferente de lograr un mismo objetivo. 

Cada año la Tierra pierde de sus bosques el equivalente al tamaño de Panamá. O para que nos entendamos mejor, el equivalente al tamaño de Portugal. Esto nos da un panorama del tamaño de la tragedia que espera a la humanidad si no detenemos el deterioro a tiempo. Los bosques cubren un tercio de la masa continental del planeta y se perdieron más de 200 millones de hectáreas en los últimos 15 años. Además, los bosques del mundo se han reducido un 40% desde que comenzó la agricultura, según cita Diario Economía 

“La deforestación es una de las mayores fuentes de emisiones de CO2”, aseguró Eliasch.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ante las campañas y esfuerzos, la deforestación mantiene su salvaje ritmo en África e incluso lo aumenta en América Latina con respecto a los años noventa. África perdió el 9% de sus selvas, equivalente a un total de 64 millones de hectáreas entre los años 1990 y 2005, mientras en América Latina perdió el 7% de sus selvas. Ademas, la deforestación causó entre el 12% y el 14% de las emisiones globales de CO2.

Eliasch es vice-tesorero del Partido Conservador británico, dueño de la marca deportiva Head y miembro de una familia de potentes empresarios. Su perfil dista años luz del estereotipo del activista conservacionista, pero los hechos dicen que se trata del nuevo gran adepto a la que algunos definen la filosofía del colonialismo verde.

En 2006 ya hizo algo parecido, compró 1.600 km cuadrados de terreno en el corazón de Amazonia y dedicó parte de su capital a promover exploraciones científicas para buscar especies de animales y vegetales no descubiertas.

“Pero el punto es que yo, como ciudadano, no voy a lograr que Volkswagen reduzca el nivel de emisiones de sus motores. Ésta es la manera en que puedo conseguir resultados. Por ello actúo, e intento colaborar con las comunidades locales para que conservar el bosque se convierta en un interés superior a arrasarlo. Hay que encontrar la manera de hacer que una selva tenga más valor de pie que talada”, Contestó Eliasch.

Con la incorporación del magnate millonario sueco, supuso que algunos perdieran su fuente de ingresos. Talar, ya no se puede, y no van a aparecer hoteles o resorts en la parcela del sueco. Por ahí va una de las críticas que con frecuencia se hacen a los nuevos mecenas verdes, a los que se ve como un obstáculo al desarrollo.

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