George Rodríguez EP. El anuncio del gobierno de Haití sobre la suspensión temporal de los fuertemente cuestionados aumentos de precios de combustibles no logró el objetivo de disuadir a los manifestantes, quienes ahora exigen que el presidente Jovenel Moïse abandone el cargo.
Los disturbios desencadenados el 6 de julio –con saldo provisional de por lo menos tres víctimas fatales-, principalmente en Puerto Príncipe, la capital nacional, continuaron el fin de semana, e incluyeron acciones de saqueo a establecimientos comerciales.
Ello, sin perjuicio de que el sábado al mediodía –unas 24 horas después del estallido de la protesta callejera-, el primer ministro haitiano, Jack Guy Lafontant, anunció lo que describió como la suspensión temporal de las alzas.
Se trata de los aumentos de precios de la gasolina (38 por ciento), el diésel (47) y el kerosene (51), inicialmente previstos para ser implementados de inmediato.
Lafontant declaró, asimismo que el Gobierno “condena fuertemente los actos de violencia y vandalismo”.
No obstante el anuncio gubernamental sobre la suspensión de la entrada en vigencia de los nuevos precios, las manifestaciones continuaban este domingo en Puerto Príncipe, habiéndose extendido a ciudades tales como Cap-Haïtien –el segundo centro urbano del país caribeño francoparlante- Jacmel, Les Cayes, y Petit-Goave.
Participantes en la protesta indicaron a medios locales que se proyecta, a partir del lunes, una huelga general de 48 horas para exigir que Moïse abandone la presidencia.
En ese sentido, y citado por la agencia noticiosa internacional Reuters, un manifestante aseguró que Moïse “tiene que irse del país, y dejarnos el país, para que podamos vivir”.
La protesta popular fue desencadenada el 6 de julio, inmediatamente después de que el gobierno anunció las alzas de los precios, a su vez resultantes de un acuerdo firmado por la administración Moïse y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que, entre otras disposiciones, determinó la eliminación del subsidio a los combustibles.
La medida fue masivamente rechazada en ese país de alrededor de 10.8 millones de habitantes, un 80 por ciento de los cuales está en situación de pobreza –mientras aproximadamente 25 por ciento padece pobreza extrema-, y subsiste con menos de dos dólares diarios.
La pobreza y la marginación son rasgos históricamente característicos de un país reiteradamente golpeado por fenómenos naturales destructivos –tales como huracanes y terremotos- y permanentemente perjudicado por corrupción, inestabilidad política, y violencia.


