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viernes, diciembre 9, 2022

Déficit fiscal en Costa Rica: ¿El Apocalipsis?

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Redaccion El Periodico CR
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Luis Paulino Vargas | Opinión. Según se afirma el déficit fiscal podría ocasionar una verdadera hecatombe. Y, sin embargo, mucho de lo que se afirma es simplemente falso. En otros casos se trata de advertencias que, siendo válidas, son atribuidas de forma simplista al déficit, dejando por fuera otros factores igual o incluso más importantes. Veamos.

1) El déficit fiscal produce inflación

Falso. Desde 2009 –este año inclusive– se registran niveles considerables y tendencialmente crecientes de déficit fiscal hasta acercarse al umbral del 6% respecto del PIB. Entretanto, y para los mismos años, los índices de inflación cayeron a mínimos históricos, por debajo del 5% anual.

En cambio, durante el bienio 2007-2008 se registraron pequeños superávits fiscales pero la inflación se disparó hasta cerca del 14% anual. En el actual 2015, con un déficit que potencialmente superaría el 6%, la inflación se ha desplomado al cero por ciento.

Lo que esto evidencia es esencialmente una cosa: la relación entre déficit fiscal e inflación es mucho más compleja de lo que el común de los economistas quieren admitir.

2) El déficit fiscal ocasiona elevación de las tasas de interés

De ser esto correcto, el efecto se haría sentir en las llamadas tasas pasivas, o sea, las que se pagan sobre los depósitos que la gente realiza en los bancos. La idea de fondo es simple: el gobierno intenta captar recursos del público para financiar su déficit y entra “a competir” con los bancos por esos recursos, lo cual eleva las tasas pasivas o tasas de captación. En realidad, esto se ha demostrado redondamente falso, puesto que, lejos de “competir” los bancos con el gobierno, más bien los bancos financian al gobierno (40% de los bonos de deuda pública son comprados por los bancos).

Lo cual corresponde plenamente con la realidad fundamental de que, lejos de las falacias usuales que propalan los manuales de economía, los bancos no necesitan captar dinero para prestar, puesto que son capaces de prestar y dar créditos a partir de la nada, es decir, creando dinero literalmente sacado del aire. Y, en todo caso, los datos muestran con claridad que durante estos años de déficits relativamente elevados, las tasas pasivas han ido muy a la par del nivel de inflación, a veces un poco por encima, a veces un poco por debajo.

O sea: ni han sido elevadas ni han mostrado tendencia a elevarse (al contrario más bien). Las que si son altas son las tasas activas –las que los bancos cobran sobre los créditos que conceden– pero aquí la historia es claramente otra: si esas tasas son elevadas es debido a la ineficiencia y el comportamiento rentístico de la banca, sin que nada tenga que ver el déficit.

De hecho, el exceso de las tasas activas sobre las pasivas que observamos en nuestra realidad resulta simplemente impúdico. Lo cual perjudica a las actividades productivas que requieren financiamiento para sus inversiones. Acciones ajenas al déficit fiscal son necesarias: lograr que la banca sea más eficiente y regularla apropiadamente para frenar su tendencia hacia la extracción de rentas.

3) El déficit fiscal frena la economía

Esta afirmación se sustenta en la “teoría de las expectativas racionales”, la cual se basa en un supuesto simplista e irreal: que los “agentes económicos” (empresas, consumidores) tiene la capacidad de anticipar con precisión los posibles efectos futuros del déficit y de amoldar su comportamiento, de forma racional y certera, conforme con tales previsiones.

Presuntamente ello induciría a que la inversión empresarial y el consumo de las familias se frenen, lo cual explicaría la debilidad que la economía nacional manifiesta. Esto no tiene pies ni cabeza; lo único real es que la enorme mayoría de la gente no tiene ni la menor idea acerca de las posibles consecuencias –ni las actuales menos aún las futuras– que el déficit podría acarrear.

Esa suerte de racionalidad computacional y esa capacidad de “adivinación” del futuro que se le atribuye a la gente, no pasan de ser una burda estratagema teórica, desde la que se intentan justificar las presuntas capacidades de “ajuste automático virtuoso” que se les atribuye a los mercados capitalistas.

La historia ratifica que esto es falso, pero asimismo se ha demostrado que es una idea teóricamente insostenible. Y siendo cierto que la economía costarricense anda débil, las causas de tal cosa hay que buscarlas en otro lado. Lo que sí es muy plausible es que la imposición de una política de austeridad y recorte del gasto público, seguramente deteriorarán aún más el estado de la economía.

4) La “bomba” de la deuda pública

Se advierte: si no se para el déficit seguirá creciendo la deuda pública y eventualmente llegaremos a una situación insostenible (y entonces ¡¡¡horror!!! aparecen las comparaciones con Grecia). En principio esto es cierto, puesto que el déficit obliga al gobierno a emitir bonos de deuda a fin de cubrir el faltante de sus ingresos respecto de sus gastos.

Pero se comete un error si se cree que mediante el recorte de los gastos la cuestión se resuelve. La razón es simple: la austeridad fiscal debilita adicionalmente la economía cuando, de por sí, ésta anda a rastras. Recordemos además que los ingresos fiscales dependen en grado considerable del dinamismo de la economía.

Por lo tanto, si decae la economía con mucha probabilidad decaerán los ingresos del gobierno, lo cual hará que el déficit crezca en vez de reducirse y, con ello, que la deuda continúe aumentando.

Pero tomemos en cuenta además que lo que importa no es tanto la magnitud absoluta de la deuda, sino su peso relativo respecto del PIB. Si éste crece muy lento –y peor aún si decrece– es muy posible entonces que la deuda crezca más rápido y que, por lo tanto, el porcentaje deuda/PIB vaya subiendo.

Tener en cuenta esto último advierte la importancia de reactivar la economía y generar más empleos de calidad. Ello contribuirá a incrementar los ingresos fiscales y reducir el déficit, cuando, al mismo tiempo, se logrará reducir la relación porcentual entre deuda y PIB.

Otras cosas son necesarias: una reforma tributaria modernizante y equitativa; reducir significativamente la evasión de impuestos. Y que el sector público de Costa Rica sea mucho más eficiente de lo que es y brinde servicios de mucha mejor calidad. Pero diferenciemos igualmente entre mutilar y mejorar. La mutilación –o sea el mero recorte del gasto público- empeorará todo. Pero además reafirmemos que dinamizar la economía y crear muchos buenos empleos es un aspecto realmente clave.

 

*Luis Paulino Vargas es doctor en Políticas Públicas y licenciado en Economía, Ciencias Políticas y Sociología. Además de comentarista en Soñar con los pies en la tierra. 

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