De cómo Costa Rica mató la gallina de los huevos de oro (y de paso, se mató a si misma)

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Jaime Ordoñez.

 

Jaime Ordoñez.
Jaime Ordoñez.

Por Jaime Ordoñez*

Costa Rica se ha ido convirtiendo, lenta y sigilosamente, en uno de los países más caros de América Latina y (comparativamente, de acuerdo a su ingreso per-cápita) de muchos lugares del mundo. Esto hecho genera dos efectos perversos. En primer lugar, sus impactos inflacionarios, los cuales afectan directamente a la población, la gran mayoría clase media y media baja. La más de la gente tiene dificultades hoy para pagar el alquiler, la luz, enviar sus hijos a la escuela y, además, darles proteínas a todos en la casa y vivir decentemente. Se trata de un país con precios europeos (o por encima de ellos, en muchos casos), pero con salarios del tercer mundo. En segundo lugar, amenaza con matar la gallina de los huevos de oro, y el principal ingreso de divisas en el país: el turismo. Estamos desangrando a nuestros turistas y, más tarde o más temprano, se irán a otro lado.

Veamos lo primero, el costo de productos y servicios para la población. La inflación es la principal forma de empobrecer a una población. Dos estadísticas, casi escogidas al azar: el precio promedio de una lata de atún en Europa es 1,10 euros, el equivalente a 1.50 dólares. Mientras, en forma absurda y paradójica (pues se pesca en nuestras costas, a 300 kilómetros de San José), en Costa Rica es de casi 3 dólares. Para una gran cantidad de familias de este país ha sido la principal fuente de proteínas durante años. Hay alguien que se está enriqueciendo excesivamente por estos patios, sin control alguno de MEIC ni de nadie. Segunda estadística: los precios de los medicamentos. El Valsartan, medicamento para la presión alta (que sufre hoy el 35% de la población costarricense) tiene un precio promedio de 18 dólares (8.500 colones) para dosis de 15 días. El mismo medicamento tiene en Italia y varios otros países europeos un precio de 7 dólares para dosis de 30 días. Es decir, Costa Rica es casi 300% más caro en este medicamento, con un salario base cinco veces menor al europeo.

Adicionalmente, un hecho escandaloso. El precio de la electricidad se ha vuelto excesivo para la población. Y la ARESEP, desde luego, ¡pintada en la pared! Pues bien, para agravar aún más la situación, nos enteramos ahora que la CNFL, con el auspicio del Poder Ejecutivo y el visto bueno de la ARESEP está proponiendo una nueva “alza en la luz”, disfrazada de “rebalanceo tarifario”. El llamado “rebalanceo tarifario” es un procedimiento para rebajar las tarifas a una serie de grandes empresas comerciales (incluidas las que están en régimen de zona franca) y subirla al resto de abonados, es decir todos nosotros, para re-balancear.- ¡El mundo al revés! La clase media y la baja subsidiará al quintil superior de la población y a las grandes empresas que, adicionalmente, tienen exoneración fiscal.

Me refiero al segundo punto brevemente. Los precios excesivos de nuestros hoteles, restaurantes y demás, simplemente repelarán al turismo en el largo plazo que encontrará mejores opciones en países cercanos. Dentro de nuestro chauvinismo ramplón y vulgar (que ahora vive de la droga del “país más feliz del mundo” e imbecilidades similares) creemos que nuestro supuesto prestigio en el exterior nos servirá para siempre. Pero no. Oído en boca de un turista el otro día: “Creí que este país era más barato, y que ofrecía más…”. Ese no volverá. Y se lo dirá a otros.

Mientras, nuestra clase política sigue en este circo que ha ofrecido en las últimas horas y en las últimas semanas. Circo al cual nos referiremos en próxima nota, con más calma, pues en este momento hay muchos payasos, dromedarios y jirafas haciendo su número en el escenario.

 *El autor es el Director del Instituto Centroamericano de Gobernabilidad (ICG) y del Programa Observatorio de la Democracia en Centroamérica, con sede en San José, Costa Rica.

 

ordonez@icgweb.org

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