El Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) se encuentra en una encrucijada crucial para el desarrollo nacional. Mientras avanza en la ejecución de un ambicioso plan de inversión pública destinado a modernizar la infraestructura hídrica, la institución enfrenta la presión constante de la variabilidad climática, los racionamientos estacionales en la Gran Área Metropolitana (GAM) y una deuda histórica en la cobertura de redes de alcantarillado sanitario a nivel nacional.
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La gestión del agua potable y el saneamiento en Costa Rica demanda respuestas operativas inmediatas y planificación a largo plazo. Entre el impacto del fenómeno de El Niño sobre las fuentes superficiales y las demandas ciudadanas por la calidad del suministro, el AyA busca consolidar un modelo de administración capaz de garantizar el derecho humano al agua en las próximas décadas.
Cambio climático y presión hídrica en la GAM
El suministro de agua potable para más de 1.3 millones de habitantes en el valle central depende en gran medida de sistemas interconectados como Orosi y las fuentes de la cuenca alta del río Virilla. Sin embargo, durante las temporadas secas prolongadas, la disminución de los caudales superficiales obliga a la institución a implementar esquemas de abastecimiento controlado en diversos cantones de San José, Alajuela, Heredia y Cartago.
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Las autoridades del AyA han señalado que el déficit de producción de agua en los periodos de sequía severa puede superar el 15% en las plantas de tratamiento principales. Ante este escenario, la estrategia institucional se ha concentrado en tres ejes inmediatos:
- Habilitación de pozos profundos de emergencia: Incorporación rápida de caudales subterráneos en sectores críticos como Guadalupe, La Valencia y Moravia.
- Sectorización y control de presiones: Reducción del impacto del consumo desmedido mediante la regulación automática en las redes distribuidoras.
- Despliegue de camiones cisterna: Atención prioritaria a centros de salud, centros educativos y comunidades vulnerables en zonas de alta pendiente.
A pesar de estas medidas de contención, entes de control como la Defensoría de los Habitantes mantienen un seguimiento riguroso sobre el cumplimiento de los cronogramas de obras de emergencia, instando a la institución a reducir los tiempos de respuesta ante interrupciones no programadas.
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Infraestructura y cartera de proyectos de inversión
Para atender la brecha entre la demanda creciente y la oferta disponible, el AyA impulsa una cartera de inversión que supera los $800 millones de dólares en obras públicas. Este portafolio contempla licitaciones internacionales orientadas a la construcción de nuevas plantas potabilizadoras, la sustitución de tuberías obsoletas y la mejora de sistemas de bombeo.
Entre los proyectos estratégicos destacan la ampliación del Acueducto Metropolitano y las mejoras en los sistemas regionales de zonas costeras y rurales, tales como Limón, Puntarenas, Quepos y Nicoya.
Un componente técnico crítico en la gestión del AyA es la reducción del Agua No Contabilizada (ANC). Se estima que una porción significativa del agua producida en el país se pierde debido a fugas en tuberías antiguas, tomas no autorizadas e imprecisiones en los sistemas de medición. La modernización de los más de 2,500 kilómetros de redes de distribución representa uno de los desafíos financieros e ingenieriles más complejos de la entidad.
El desafío del alcantarillado sanitario
Si bien Costa Rica ha destacado históricamente en América Latina por sus elevados índices de cobertura de agua potable, el panorama del tratamiento de aguas residuales muestra un rezago considerable. Un porcentaje mayoritario de las viviendas en el país continúa utilizando tanques sépticos, lo que representa un riesgo latente para la contaminación de mantos acuíferos subterráneos.
El Proyecto de Mejoramiento Ambiental de San José, liderado por el AyA, ha permitido poner en marcha la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Los Guidos (PTAR) y la red de colectores en la cuenca metropolitana. No obstante, las autoridades reconocen que ampliar la red de alcantarillado sanitario hacia cantones periféricos y ciudades intermedias como Jacó, Golfito y Liberia sigue siendo una tarea pendiente para alcanzar los estándares ambientales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
La infraestructura de saneamiento no solo beneficia la salud pública, sino que resulta fundamental para la sostenibilidad de los ecosistemas fluviales y las zonas costeras, pilares del modelo de desarrollo turístico del país.
La alianza con las ASADAS y la gestión comunitaria
La administración del recurso hídrico en Costa Rica no recae de forma exclusiva en el AyA. Más de 1,300 Asociaciones Administradoras de Sistemas de Acueductos y Alcantarillados Sanitarios (ASADAS) operan en el territorio nacional, abasteciendo a cerca del 30% de la población, principalmente en áreas rurales y semiurbanas.
El AyA ejerce un rol rector sobre las ASADAS, brindando asistencia técnica, capacitación y supervisión de la calidad del agua potable. El fortalecimiento de esta alianza es estratégico frente a las amenazas de contaminación por plaguicidas en zonas agrícolas y la vulnerabilidad ante eventos meteorológicos extremos.
Transparencia y sostenibilidad del servicio
El futuro del abastecimiento de agua en Costa Rica depende de la capacidad de ejecución presupuestaria del AyA y de la rigurosidad en la fiscalización de sus contrataciones públicas. La adopción de tecnologías de monitoreo en tiempo real, el uso de telemetría para la gestión de caudales y el fortalecimiento del Sistema Nacional de Información para la Gestión Integrada de los Recursos Hídricos son pasos orientados a garantizar la resiliencia operativa.
La protección de las cuencas hidrográficas y la inversión continua en infraestructura son indispensables para que el servicio público de acueductos y alcantarillados continúe siendo un motor de salud, bienestar y competitividad económica para el país.
