Alonso Mejía. Unas 600 personas entre hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses, miembros de un movimiento denominado “Cuerpo Místico de Jesús”, concentrados en el departamento de Chinandega en Nicaragua, en totales condiciones de hacinamiento, tienen preocupada a las autoridades de ese país centroamericano.
Concentrados en champas de paja y plástico, compartiendo alimentos y haciendo faenas agrícolas, viven desde hace cuatro meses en Mechapa, a 75 kilómetros de Chinandega, región fronteriza con Honduras.
Mientras los seguidores viven en estado de hacinamiento, el líder que dirige al grupo, identificado como Francisco Javier Sánchez, mandó a construir cuatro viviendas, para once pastores, entre ellos seis nicaragüenses, dos guatemaltecos y tres hondureños, informó el periódico El Nuevo Diario.
Por ejemplo, la propiedad de un pastor de apellido Pérez, a quien llaman el ‘octavo profeta esperado’, cuenta con varias comodidades como aire acondicionado, servicio de internet y varios electrodomésticos, entre estos refrigeradora y un televisor de pantalla plana plasma. Además, se moviliza en un moderno vehículo.
En “la iglesia”, se concentran personas procedentes de “La Ceiba”, Honduras, salvadoreños y guatemaltecos, en su mayoría niños y jóvenes, que apresurados filmaban con celulares la llegada de elementos de la Policía Nacional, Migración, el Ministerio de la Familia y representaciones del partido de Gobierno nicaragüense.
ESPERAN “RAPTO DEL ESPÍRITU SANTO”
“Estamos reunidos porque estamos esperando que se cumpla una promesa que Dios nos reveló a nosotros a través del Espíritu Santo. Esperamos el rapto glorioso”, dijo a El Nuevo Diario Yerald Loza, quien agregó que la gente llegó a la comunidad de “Venecia”, atraídas por un imán.
Estos centroamericanos que se encuentran en el campamento vendieron sus pertenencias y se juntaron con nicaragüenses de diversos puntos de Nicaragua, en su mayoría personas humildes de la zona rural, para concentrarse en ese espacio de 13 manzanas de tierra, seis compradas por los “líderes” y siete alquiladas a personas de Mechapa.
La coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía y esposa del presidente Daniel Ortega, Rosario Murillo, en su intervención diaria por la televisión estatal del mediodía, calificó el hecho como “una emergencia” y el secretario político departamental, Alcides Altamirano, declaró que “el Gobierno está preocupado por el hacinamiento de estas personas, hemos atendido a la población enferma de gripe, tos y fiebre y observamos que están en hacinamiento”.
POLICÍA INVESTIGA POSIBLE TRATA DE PERSONAS
Por su parte, la Policía Nacional inició una investigación bajo sospecha de un caso de trata de personas.
El Nuevo Diario confirmó en el lugar que una veintena de policías de las unidades especiales antidrogas, de la Comisaría de la Mujer, Auxilio Policial y de la Dirección de Investigaciones Económicas procesaban informaciones relacionadas con la legalidad de los extranjeros, la documentación de cerca de 300 menores de edad y de los vehículos y motocicletas, que el grupo utiliza para movilizarse.
Una de las creyentes, Monserrat Orellana, viajó desde “La Ceiba”, situada en el Atlántico de Honduras, con toda su familia, hace dos meses. “Yo atiendo la revelación de la palabra de Dios, que en Mateo 24-28, dice: ‘Es el final’. Aquí nos ve perseverando, en oración y unidos, para cuando venga el rapto, que nos lleve a la otra vida”, dijo.
Ángela Reyes, otra miembro de la secta, declaró que ella antes fue bastante rebelde y no creía en ninguna religión. Sin embargo, ahora cose, lava y ayuda a moler maíz, mientras otro grupo amasa y palmea al menos mil tortillas para dar de almorzar a la población concentrada en el sitio.
“Yo creo que el Señor nos tiene aquí con un propósito. Él nos quiere unidos. Dios ya está aquí, en medio de nosotros, antes esperábamos pero Él ya llegó y pronto nos levantará”, manifestó.
Jorge Alberto Alvarado, originario del departamento de León, construyó las casas para los líderes religiosos, y asegura que dejó toda su vida anterior para atender un llamado: “Al igual que en la iglesia primitiva, dejé mi casa para venirme a vivir con mis hermanos”.
En el campamento, además, hay reglas estrictas: no se fuma, no se bebe licor, se mantienen con servicios religiosos los miércoles, viernes y domingo y no tienen tiempo determinado de permanencia para que “la promesa” se cumpla.

