Lo anterior puede parecer altisonante, pero no lo es. La eugenesia social se corresponde con la espiritual, aunque muchos demócratas, genéticamente hablando, nos siguen opinando en niveles igualitarios que mueven a risa y sirven, eso sí, para establecer raseros, termómetros o medidas del sistema decimal. Como que de pronto, como hongos en primavera, otoño dicen otros más pedantes, tenemos 19 campeones mundiales, deportivamente hablando en el país, todos dispuestos a recibir el premio al Deporte, de unos 154 millones de colones, que los y las saltamontes del deporte, pretenden otorgar en tractos, compartidos, en grupos, personalidades y de seguro hasta género, no precisamente de manta. Nunca he visto un cinismo más rampante pues todos sabemos a quién, o a quiénes, va a ser otorgado, con solo participar en la lógica de la repartición estatal, propuesto el famoso galardón por un diputado del cual ahora nadie se acuerda. En cambio, el Premio Nacional de Cultura, por la labor de una vida de un creador, supera un poquillo el millón de colones, una estatuilla feísima, cero pergamino y tres meses de trámite en Tesorería para recibirlo, según la ley actualmente vigente.
Eso se refleja, Pavlov dixit en sus locas teorías, en casi todos los aspectos de la vida ciudadana, incluida la política. Por ejemplo: ¿a quiénes se les ocurre agupar, dentro de la llamada Alianza por Costa Rica, a los dirigentes de los partidos Unidad Social Cristiana y Libertario? Oígase bien, a las personalidades, más cuestionadas en el manejo de la cosa pública que un raterillo de barrio, y que debieran tener la dignidad y elegancia de retirarse de la vida pública y no ejercer el poder de nombrar testaferros para que les cubran la cara.
Nadie le va a regalar a ajenos la trayectoria del Partido Acción Ciudadana, tan menguado que casi no le queda solo nombrar diputados cada cuatro años.
El medio palo es eso: dejar incompletas las labores propuestas, las promesas de campaña, el saber que se va a cumplir solo un 30% de un Plan Nacional de Desarrollo, de medir el tiempo de gobierno de mayo a mayo, durante cuatro años, e irla pasando mientras las arrugas se posesionan y los inoperantes funcionarios van de la ceca a la meca, pensando en lo que van a hacer en el próximo cuatrienio, para no quedarse sin brete y dejar de usar las computadoras, para jugar solitario y esperar que les depositen el salario. De allí que usted puede verlos tertuliando en el tema de la semana: los premios a los atletas destacados, en una división real de tirios y troyanos y preguntándose, ¡es mentira! ¿cómo puede ser cierto que tengamos 19 campeones mundiales, cuando en verdad el premio se debería otorgar, o derogar la ley que lo creó, solo si las justas ganadas se refieren a los Juegos Olímpicos, o se rompan marcas notables? La hipocresía ambiente, que gracias a la prensa abierta y responsable, con datos procedentes de la Contraloría General de la República, o investigaciones especiales, sigue apretando las póstulas aparecidas en el cuerpo de la narcorrepública, para darnos a conocer, fragmentariamente, desde los decomisos de drogas o contrabandos, asaltos y secuestro exprés, todo al margen de las investigaciones, y con la Interpol y la DEA soplando a gritos lo que está pasando, para resaltar el falso mérito de los funcionarios nombrados. ¿Es lo mismo? ¡Qué! Pues que todo siga tapado por una nube de imponderables, donde todos estos atletas reciban premios, becas, pasajes a eventos, y que sean tratados por la prensa del entretenimiento como si fueran dioses o diosas, íconos o pastelitos de cumpleaños, hasta que pasen de moda.
Ya dijimos que todo esto sucede en el medio palo de los cuatrienios. Las notas falsamente felices se destacan con aleluyas estatales, promesas para las campañas 2013-2014, zaperocos y denuncias, sabiamente anunciadas, para que se evaporen como los informes de las comisiones legislativas, que nadie lee, conoce o discute. ¡Qué aburrido! El único emprendedurismo que existe es cómo hacerse rico en 24 meses. O los calvarios de las pobres mujeres, de las que se dice que con hacer manualidades o cocinando jaleas van a salir de la pobreza.
No, queridos amigos, medio palo no quiere decir medio pelo, según Carmen Lyra, pero ambas frases constituyen una visión disminuida de la vida. Eso ocurre en lo que generalmente articulamos, absteniéndonos de establecer comparaciones odiosas, que equiparan a unas cuantas personas con otras, sin fundamento alguno. Vivimos en el tiempo del disparate. Ese del medio palo en donde a un año de inaugurado el Estadio Nacional, tiene manchas, basura, jardineras secas —¡ay qué horror, qué deterioro!— dice la prensa llorona en primera página. Pero para hacerle propaganda gratis a los partidos de fútbol, y al chakirato, que sí deja réditos, ahí estamos, mientras el chapulín del Icoder ¿quién será? Brilla por su ignota presencia.
Debe ser horrible seguir en política y creer que esta puede arreglar todos los asuntos imposibles de restaurar. Nada de eso. Solo una mega intervención de los ciudadanos, pura varilla de guayabo, para echar a los ineptos e ineptas a patadas. Que se vayan todos, pero con su empujoncito. Sin tomar en cuenta a los sagrados poderes, dicen ellos, y menos con la intervención de la Corte Suprema de Justicia que ya apesta.

