George Rodríguez EP. El cardenal nicaragüense Leopoldo Brenes, exhortó, este domingo, a sus compatriotas, a orar por la paz, conceptualizada como factor de unidad, no de confrontación.
“Debemos pedir, al Señor, la paz”, planteó Brenes, presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), al oficiar misa en la Catedral Metropolitana de Managua, la capital nicaragüense.
Es necesaria una paz que genere unión, aclaró el sacerdote, quien es arzobispo de Managua.
Se trata de “una paz que une y que integra, que no divide, que no confronta ni deja odio ni dolor”, aseguró durante la tradicional Santa Eucaristía en Honor a la Consagrada Imagen de la Sangre de Cristo.
En ese sentido, aseguró que la paz concedida por Dios es sanadora.
“La paz que nos da el Señor nos sana el corazón, no es una paz fruto de un acuerdo”, advirtió.
Brenes formuló las declaraciones un día después de que, durante una actividad pública, el presidente Daniel Ortega, expresó que su cuestionado gobierno defiende la paz.
Ortega hizo la aseveración en el breve discurso con el que participó, en la occidental ciudad nicaragüense de Masaya, a unos 45 kilómetros al sureste de la capital, en la conmemoración del 40 aniversario del histórico Repliegue Táctico a esas ciudad, acción que determinó, en julio de 1979, la caída de la dictadura (1967-1979) encabezada por el general Anastasio Somoza Debayle, ajusticiado, poco más de un año después, en Asunción, la capital de Paraguay, por un comando guerrillero argentino.
Al referirse al combate rebelde antisomocista de hace cuatro décadas, Ortega mencionó “estas nuevas luchas, en estas nuevas batallas en que estamos, siempre, comprometidos a seguir defendiendo la paz, la libertad, y el trabajo para todos los nicaragüenses”.
El mandatario hizo así alusión –sin mención específica- a la violenta crisis sociopolítica que, hace más de un año, golpea a Nicaragua, situación que Ortega, su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, y otros jerarcas del régimen sostienen que es resultado de un presunto intento de golpe de Estado que el gobierno logró desarticular.
Estallada el 18 de abril del año pasado, la dramática situación nicaragüense ha cobrado centenares de vidas, generado miles de heridos, detenidos, y desaparecidos, dañado masivamente a la economía nacional, y determinado que miles de nicaragüenses emigren, principalmente hacia Costa Rica -donde más de veinte mil personas han solicitado refugio-.
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