George Rodríguez EP. La violencia que hace más de dos meses golpea a Nicaragua supera a lo ocurrido en las dos guerras más recientes registradas en ese país centroamericano, aseguró el cardenal nicaragüense Leopoldo Brenes.
Durante los conflictos bélicos de la década de 1970 y de 1982-1990 los bandos en pugna estaban armados, pero ahora el bando antigubernamental está constituido por civiles desarmados, señaló Brenes, al medio de comunicación católico Rome Reports (Roma Informa).
En el primer caso se trató del enfrentamiento entre el entonces guerrillero –ahora gobernante- Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y la depuesta dictadura del general Anastasio Somoza Debayle. En el segundo caso el gobierno revolucionario (1979-1990) del FSLN combatía la Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), financiada por Estados Unidos.
En alusión al hecho de que la mayoría de los fallecidos y heridos en el marco de la actual escalada de violencia está constituida por jóvenes, Brenes –presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) y arzobispo de Managua, la capital nacional- expresó que las mujeres quienes han perdido hijos en ese contexto quedan irreversiblemente marcadas por el sufrimiento así causado.
Respecto al conflicto enmarcado en la actual crisis política, estallada en abril, en torno a una serie de fracasadas reformas al sistema de pensiones de la seguridad social, dijo que “lo habíamos visto en las dos guerras que hemos tenido donde han muerto más de 50.000 personas pero había personas armadas. Un grupo armado contra otro grupo armado. Pero en este caso no. Ha sido contra personas que iban caminando por la calle sin arma o alguien detrás de una barricada, quizá con un mortero (…) Entonces esto es mucho más duro que una guerra”.
El cardenal hizo así referencia lo mismo a las barricadas erigidas, principalmente con adoquines, en barrios de numerosas ciudades a nivel nacional que a los “tranques” –bloqueos carreteros-, montados con diversos materiales –desde trozos de madera hasta vehículos- en puntos de las principales carreteras del país, en señal de protesta contra la represión policial y parapolicial antiopositora y como protección contra esas acciones.
También aludió a los morteros, pequeños cañones manuales caseros habitualmente usados para el lanzamiento de fuegos artificiales en fiestas patronales y que, en el presente contexto, son usadas, por las decenas de personas se mantienen en cada barricada y cada “tranque”, para disparar explosivos caseros efectivos policiales y civiles progubernamentales armados.
Respecto a las mujeres quienes han perdido hijo en el actual contexto de agitación social y represión policial, Brenes aseguró que “esas madres se quedan marcadas para siempre y el sufrimiento no es de un día sino de todos los días recordando a ese hijo que se perdió”.
El líder católico nicaragüense reflexionó, asimismo, en el sentido de, además de las madres, sufren otros familiares así como amigos de las víctimas, entre las que se cuenta menores de edad.
“Detrás de la madre está el esposo, están los otros hijos, los vecinos… la muerte de un miembro de una familia no solo perjudica a una madre sino a todo un ambiente y cuando ya llevamos más de 300 ya perjudica a toda la nación”, subrayó.
El arzobispo también se refirió a la presencia de sacerdotes a quienes encabezó, el 21 de junio, en Masaya –una de las ciudades más golpeadas por la represión gubernamental-.
“Me comunicaron que estaban saliendo desfiles de camionetas llenas de militares y policía antidisturbios y civiles para atacar Masaya. Entonces dispuse tener la primera hora de oración y después invitar a los sacerdotes a que me acompañaran”, comenzó a relatar.
Luego de orar en la Catedral Metropolitana, en Managua, Brenes, el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, y el nuncio apostólico en Nicaragua, Stanislaw Waldemar Sommertag viajaron ese día, a bordo de una microbús, acompañados por otros sacerdotes, a Masaya, a unos 35 kilómetros al norte de la capital.
El cardenal narró, además, a Rome Reports, que, en Masaya, “la gente sintió la cercanía. Las imágenes eran emocionantes y, sobre todo, había mucha gente de rodillas en el camino con las manos en alto diciendo: ‘Ayúdennos, sálvennos’. Eso a mí personalmente me impresionó”.
Brenes y el obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez, viajaron, el26 de junio, al Vaticano, donde proyectan reunirse el fin de semana, en audiencia privada, con el papa Francisco, para abordar la crítica situación nicaragüense.
Ambos integran la Comisión de Mediación y Testigo del Diálogo nacional, constituida por cinco de los 10 miembros de la CEN, y Álvarez se desempeña, en las sesiones plenarias de las conversaciones, como mediador.
El complejo dialogo, instalado el 16 de mayo y convocado por el gobierno, apunta a procurar solución a la crisis, aunque ha sufrido reiteradas interrupciones, una de las cuales ocurre actualmente.
Estallada la crisis el 18 de abril, la violencia ha sido constante desde entonces, habiendo cobrado más de 200 vidas y generado miles de heridos, detenidos, y desaparecidos.
La situación ha determinado la decisión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh), y la Unión Europea (UE) de enviar, a Nicaragua, misiones que verifiquen, en el terreno, la situación en materia de garantías fundamentales.

