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En el país del al revés, en donde practicar el sin sentido resulta deporte nacional, el hecho de que un nadador del que en realidad muchos costarricenses no habían escuchado jamás, venga ahora a recibir la bicoca cantidad de ₡230.000.000 por el premio Claudia Poll, el cual ya fue derogado, demuestra una vez más cómo nuestra sociedad premia al que menos lo merece.

¿Por qué?

El premio original constaba de ₡160.000.000 pero uno de los postulantes de entre 12 que presentaron atestados para merecerlo objetó no haber sido el ganador de entre los mismos y desde el año 2010 ha venido “peleando” por obtener el reconocimiento.

Cabe resaltar el hecho de que ninguno de los otros deportistas se sintió dolido por no haber recibido el premio, optaron por no apelar la decisión demostrando que “nobleza obliga” y más decencia que quienes al final escogieron premiar el ego del nadador que tiene precio: justo ₡23.000.000 debido a que en eso estimó el daño moral por el atraso en recibir el “vueltillo”.

Tal y como sucede en Costa Rica, las diferentes instituciones a quienes les correspondía aplicar o no el inexistente reglamento de adjudicación del premio, terminaron pasándose la pelota hasta que justo 4 días antes de que la actual Ministra de Cultura y hermana del nadador abandonara el cargo quien en el momento de que el retoño recibía el premio mostraba una cara de satisfacción cuasi orgásmica. La Tormenta Perfecta se había dado.

Ahora que ya es tarde y ese dinero se perdió, vienen las investigaciones del caso para saber en qué se falló y por qué no se repartió el premio entre todos los postulantes, lo cual era perfectamente posible dado que la ley 7033 dejaba abierta la posibilidad de que el premio fuera recibido por más de un deportista, por lo tanto, habría resultado justo que se repartiera tal cantidad entre 12 y no entre 1:

“Créase el Premio Nacional Deportivo Claudia Poll, condecoración que el Estado ofrecerá a los deportistas costarricenses, cuyas actuaciones merezcan títulos o medallas en juegos olímpicos, torneos o campeonatos mundiales, previamente reconocidos por el Consejo Nacional de Deportes”.

En Costa Rica suelen llevarse todos los asuntos “hasta las últimas consecuencias”, solamente cuando las consecuencias ya se dieron: tenemos que esperar muertes de todo tipo de inocentes en carreteras para que reemplacen un puente en mal estado, arreglen un hueco-cráter, pongan una simple baranda de contención y en casos como el mencionado el Estado siempre sale “por dentro” pero solo a favor de sus funcionarios o familiares. Se liberan a delincuentes por fallas en el proceso, la prensa tiene acceso a los allananamientos “top secret” al mismo tiempo que las autoridades en donde por casualidad, el o los sospechosos ya habían sido alertados, la acción como tal se remite a las imágenes en vivo y gritos de: ¡Policía, policía! unos cuantos perros ladrando, el portón de verjas arrancado porque cuando son eléctricos o de gente famositica, los equipos rompe-portones prefieren tocar el timbre y hasta pedir permiso para entrar.

Lo cierto es que el nadador pasará a ser reconocido de manera tristemente célebre por haber sido el último en recibir un regalo que aunque pudo merecer de manera digna, con su actuar demostró estar muy por encima de la mujer que le dio nombre al premio y como muestra de lo que no se debe hacer.

Esperemos que la nueva Administración sepa prevenir este tipo de pifias y demuestre que cuando de verdad se quiere, se puede y deben hacer las cosas de la mejor manera.

Es muy común que la gente adinerada menosprecie al menos favorecido económicamente llamándole: “muerto de hambre”, aunque basta observar cómo actúan los bendecidos, quienes basta con que muevan un poco la cola para que conmuevan a los compinches que han colocado en puestos estratégicos y su hambre sea saciada a más no poder, igual que a la perra del padre del barrio.

¿Así o más cara’e barro?

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