George Rodríguez EP. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó, este viernes, en la red social Twitter, a las “ciudades santuario” estadounidenses, con enviarles los miles de inmigrantes indocumentados detenidos en la Frontera Sur del país –el límite terrestre de 3,155 kilómetros con México-.
La expresión “ciudades santuario” describe a los centros urbanos estadounidenses cuyas autoridades, en apoyo a la inmigración indocumentada, se niegan a cooperar con las autoridades migratorias federales, absteniéndose de detener a los extranjeros cuya situación migratoria es irregular.
Alcaldes de esas ciudades respondieron, de inmediato, a los amenazantes tuits de Trump, calificando el plan presidencial como una medida insensible que apunta a usar, con un enfoque político, a los migrantes, no como personas sino como peones.
“Hasta los Demócratas ahora dicen que nuestra Frontera Sur es una Crisis y una Emergencia Nacional. Ojalá que no sigamos recibiendo más decisiones judiciales MALAS (escandalosas)!”, escribió en el primero de tres mensajes.
A continuación, emitió la amenaza.
“Dado que los Demócratas no están dispuestos a cambiar nuestras muy peligrosas leyes migratorias, estamos, en verdad, como se ha informado, considerando muy seriamente la ubicación de Inmigrantes Ilegales en Ciudades Santuario solamente”, afirmó, para agregar que “la Izquierda Radical siempre parece feliz porque tiene una política de Fronteras Abiertas, Brazos abiertos –de modo que esto debería hacerlos muy felices!-“.
Las reacciones de varios alcaldes de las ciudades aludidas fueron virtualmente inmediatas.
Varias de las respuestas a Trump se originaron en ciudades del occidental estado de California –considerado como un “estado santuario”-.
La alcaldesa de Oakland, Libby Schaaf, rechazó lo afirmado por Trump, expresando que el presidente pretende usar a los inmigrantes para resolver asuntos políticos.
Es un “indignante abuso de poder, el utilizar, a los seres humanos”, con ese propósito.
En términos coincidentes, se pronunció el alcalde de Berkeley, Jesse Arreguin.
“Estoy en shock pero no sorprendido porque una vez más este presidente está jugando un juego cínico con las vidas de personas para anotar puntos políticos”, expresó, en un comunicado, y denunció que, “en lugar de apoyar un verdadero camino a la ciudadanía (estadounidense) para millones de inmigrantes en este país, está atizando las llamas de la división”.
Por su parte, el alcalde de Los Angeles, Eric Garcetti, se expresó, en Twitter, con un enfoque similar.
“Estas son personas, no peones, señor presidente”, explicó, puntualmente, a Trump.
En el otro extremo del país, su colega de la nororiental ciudad de Nueva York, Bill de Blasio, uso similar concepto, y aseguró que ese centro urbano –casi la mitad de cuya población es inmigrante- mantendrá la tradición de dar la bienvenida a las personas de otros países.
“Él usa a la gente, como peones”, denunció, en un comunicado, para agregar que “la Ciudad de Nueva York siempre será la ciudad de inmigrantes, por excelencia”, y asegurar que “la amenazas vacías del presidente no cambiarán eso”.
Su colega de Filadelfia, Jim Kenney, condenó lo que describió como el desprecio del presidente por la dignidad humana, y también aseguró que esa nororiental ciudad estadounidense estaría en disposición de recibir a esas personas, en el caso de Trump materializara la amenaza.
Filadelfia “estaría preparada para dar la bienvenida a esos inmigrantes tal como hemos abrazado durante décadas a nuestras comunidades de inmigrantes”, expresó, en un comunicado, y precisó que, tales expresiones, evidencian “el completo desprecio que la administración Trump tiene por la dignidad humana básica”.
Trump viene manifestándose contra el masivo flujo de inmigración indocumentada, principalmente la centroamericana –mayoritariamente de El Salvador, Guatemala, Honduras, los países del Triángulo Norte de Centroamérica- que, desde el final del año pasado, procura ingresar a territorio estadounidense.
El mandatario sostiene que esos miles de personas –la mayoría, ciudadanos hondureños, y también salvadoreños, incluidos niños y mujeres, numerosas de ellas embarazadas- constituyen un peligro para la seguridad de Estados Unidos, ya que, entre los inmigrantes, se desplazan delincuentes.
Como parte de las medidas para impedir el ingreso a territorio estadunidense, Trump ha militarizado sectores de la Frontera Sur, donde efectivos de seguridad han reprimido a centenares de personas quienes han intentado cruzas, de alguna manera, el límite territorial.
Además, el presidente procura financiamiento para la construcción de un muro, en territorio estadounidense, junto al límite con México, plan que constituyó una de las promesas centrales de su campaña electoral y que el mandatario asegura que impedirá que migrantes indocumentados crucen, desde territorio mexicano, la frontera binacional.
Los miles de migrantes del Triángulo Norte realizan el recorrido de más de cuatro mil kilómetros –la mayor parte, por territorio mexicano-, desde sus comunidades de origen, huyendo de la inseguridad y la falta de oportunidades que caracterizan a esos tres países, que integran una región que es considerada entre las más violentas a nivel mundial.
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