Primer acto: escenificado desde el último cuatrimestre de 2011 y hasta bien entrado 2012. El gobierno se frota las manos y se da autobombo por la “recuperación” que la economía manifiesta. Emborrachado con su “éxito” económico, le resbala la estela ascendente que ya entonces las tasas de interés empezaban a dibujar. Los economistas del establishment, una y otra vez entrevistados por las corporaciones mediáticas, se reiteraban en la trivialidad de sus diagnósticos: nadie sabía decir cuánto podrían subir las tasas pero todos lo atribuían a la presión derivada de las necesidades de financiamiento del gobierno.
Segundo acto: hacia mediados de 2012 la tan celebrada recuperación de la economía empieza a dar signos de fatiga. El gobierno todavía no se entera y sigue en su francachela vanagloriándose de su “éxito”. Entretanto, muchas familias entran en fase de asfixia financiera a raíz de la absurda elevación de las tasas de interés. La principal tasa de referencia (la llamada “tasa básica pasiva”) roza el 11%. Súmele los dos o tres puntos porcentuales que usualmente los bancos cargan a sus créditos respecto de esa tasa de referencia. Teníamos entonces tasas del orden del 13-14% sobre créditos hipotecarios, cuando las tasas de inflación oficialmente reconocidas son inferiores al 5%. O sea: ¡un completo disparate y un verdadero asalto!
Tercer acto: vamos por octubre 2012 y al fin a alguien en el gobierno se le prende el bombillito: no solo se percatan de que las tasas andan por las nubes sino que la famosa recuperación de la economía está teniendo un abrupto frenazo. Se encienden las luces de alarma y alguien le susurra a la presidenta algo que –por rimbombante y demagógico- a ella parece sonarle una genialidad: salir a la prensa para interpelar en forma rubicunda y exaltada a los bancos públicos, a los cuales culpa de las altas tasas. De seguro no les interesó mucho la angustia de las familias endeudadas (que si ése hubiese sido el caso, habrían actuado desde muchos meses antes). Me late que la reacción más bien se suscitó a partir de la alarma que les provocó ver que sus amados índices económicos caían en picada.
Cuarto acto: el Banco Central –blindado por una impenetrable cubierta ideológica alimentada de consuno por economistas, políticos y medios- sale indemne de la trifulca no obstante ser un responsable muy principal. Pero algo de penilla ajena ha de haberle dado ver el planchazo que la presidenta se jala, y entonces sale a la prensa a anunciar una modificación a la metodología de cálculo de la “tasa básica pasiva”. Admite así que parte del problema reside en una pésima metodología de cálculo que el propio Central definió y que hace mucho, mucho tiempo pudo haberse mejorado.
Quinto acto: hacia noviembre las tasas bajan un poco, aunque aún se mantienen muy elevadas (9,75% la tasa básica pasiva). Los economistas especulan: que si la colocación de eurobonos, que si la regañada de la presidenta. Quizá lo primero un poco más. No creo que lo segundo (que de seguro habrá hecho sonreír a los banqueros que la misma presidenta promovió para los puestos que ocupan). Nadie parece tomar nota de que el bajón de los intereses podría estar reflejando el bajón mismo de la economía. Si las altas tasas (junto con otros factores, incluso externos) contribuyeron a frenar la economía, esto as su vez se reflejaría en una menor demanda de crédito por parte de empresas y familias. Lo que a su vez contribuiría a aflojar la presión sobre las tasas de interés.
Es del tipo de medicinas que matan al enfermo para curar la enfermedad. Acontece que entre los diferentes actores que influyen en las tasas de interés, solo había uno que podía, con cierta relativa flexibilidad, haber hecho algo por frenar el alza: el Banco Central. No lo hizo porque su única preocupación –dogmáticamente asumida- tiene que ver con mantener baja la inflación…y por ello opta por limitar el crecimiento de la liquidez, lo cual propicia que –dadas las otras condiciones actuantes- las tasas se encumbraran.
Las altas tasas –junto a algunos otros factores- han contribuido a asfixiar la recuperación de la economía, cuyo futuro en todo caso resultaba harto dudoso, dado el turbulento contexto económico mundial. Y ahí la inacción del Banco Central tiene una dosis importante de responsabilidad. Pero sin duda la presidenta ha consentido ese comportamiento, seguramente al amparo de la máxima ideológica neoliberal, que pontifica acerca de la “deseable autonomía” del Banco Central.
Luego Chinchilla monta el berrinche y el Central finge hacer algo modificando la metodología de cálculo de la tasa básica pasiva. Todo una perfecta inutilidad, si hemos de ser serios en nuestra apreciación. En todo caso, y como dicen los chiquillos ¡ya pa’ qué!
Se les hizo muy tarde. Se cortó la “recuperación” y entramos de nuevo en una fase de muy bajo crecimiento.
Sin duda, la crisis económica no ha sido superada y no será pronto que pueda anunciarse que ya es cosa del pasado.
Publicado en el blog del autor en soñarconlospiesenlatierra.blogspot.com

