William Aguilar | Incorrecciones. “El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”, le dice Lisa al amor de su vida, mientras la guerra se come al mundo. Es una línea breve, quizás una de las más bellas en la historia del cine. Un frase que regresa o nunca se va, como la marea.
Viene a mi mente de cuando en cuando, al leer las noticias, terribles, cotidianas. Es imposible darse un paseo por “Internacionales” sin sufrir una repentina conmoción de humanidad.
A veces no lo soporto y busco en el librero una puerta que me saque de este infierno.
Otra guerra, o la misma, ¿qué más da? Sigue devorando vidas y sueños. Los acaparadores de tesoros, de almas, de luces, siguen adueñándose de todo. Se dejan el aire y los pasos y el tiempo.
Pero un día cualquiera, algo rompe esa tensa línea y trae aire y luz nuevos. Y la decisión de unos pocos culmina con victoria la lucha y las vidas entregadas de tantos.
Este viernes se hizo historia en los EE.UU.. Legalizaron el amor, como si pudiera estar fuera de nuestra ley.
No es el primer país que lo hace, y por supuesto, no será el último. Pero es un ejemplo de los vientos de cambio. Al hacerlo, al aceptar por fin que el amor es un hecho inapelable, el mundo sonrió y se llenó de colores.
Hay buenas nuevas por doquier, pequeñas, escondidas. Una lucha ambiental que protege un pedazo de cielo, una niña que le grita al mundo que quiere estudiar, una semilla que crece libre en alguna esquina distante del mundo.
A diario se dan cambios, y de los más importantes. El planeta está abriendo los ojos a algo que nace y está vivo. Los viejos muros caen y en lugar de reedificarlos más grandes, por fin dejamos crecer jardines.
En los últimos diez años hemos visto como la mujer se gana con esfuerzo su lugar en el mundo y en la historia. Como los pueblos se levantan. Como la humanidad poco a poco toma conciencia de que no es la dueña del mundo.
Hace solo semanas también Costa Rica dio un paso en favor de la humanidad, al reconocer la unión de hecho de una pareja, tan solo eso, una pareja, a la que no se reconocía el simple derecho de ser. Es un privilegio poder vivir esto.
Falta mucho, por supuesto; pero estos también son buenos tiempos para vivir y la historia así lo juzgará.


