Alonso Mejía. El cuerpo de Ángel Ariel Escalante Pérez, de 12 años, el niño nicaragüense que fue lanzado de un puente de 125 metros de altura por pandilleros en Guatemala, por rechazar matar a un chofer de bus, fue sepultado este jueves en Somotillo, una ciudad del departamento de Chinandega en el norte de Nicaragua.
Una nutrida multitud acompañó el sepelio del menor asesinado. Tras ser lanzado de un puente, Escalante luchó 16 días por su vida, pero finalmente falleció en Guatemala.
La familia doliente solicitó a las autoridades guatemaltecas realizar una investigación exhaustiva y que se aplique todo el peso de la ley a los responsables que provocaron la muerte del menor.
Militina Escalante, abuela del pequeño, visiblemente abatida, relató que su nieto estudió hasta quinto grado en la escuela San Ignacio de Loyola, del municipio de Somotillo, y posteriormente su padre, Juan Luis Escalante, decidió llevárselo a Guatemala para terminar sus estudios de secundaria.
“Mi hijo, mi nuera y mis nietos, tienen temor de regresar a Guatemala”, dijo Escalante, quien además recordó que 5 años atrás Genaro Escalante, tío del pequeño, fue asesinado a tiros por pandillas en Guatemala y el caso quedó impune.
El pequeño desapareció del colegio el martes 16 de junio a las 11:30 de la mañana, sin dejar rastro, por lo que la maestra dio aviso a los padres, y de inmediato lo reportaron a la Alerta Alba Keneth que tiene ese país centroamericano, que sirve para divulgar los casos de menores desaparecidos.
“Los niños y adolescentes son secuestrados por los pandilleros en Guatemala para extorsionar y matar, algo que mi hijo se negó a hacer”, manifestó Juan Luis Escalante, padre del menor.
Los pandilleros le dieron a escoger al niño la manera en la que prefería morir: si descuartizado o lanzado del puente.
“Mi hijo pasó 48 horas en la copa de un árbol, ya tenía hipotermia cuando lo rescataron los socorristas. El mismo día que desapareció fue lanzado del puente. Tenía las dos piernas fracturadas y golpes en todo el cuerpo”, relató el padre del menor.
Ángel Ariel estaba consciente cuando lo rescataron y relató a los bomberos el calvario que vivió. El pequeño anhelaba ser arquitecto debido a que tenía habilidad para el dibujo.
“Estaba en el hospital cuando la doctora me pidió un medicamento y cuando regresé me indicaron que había sufrido un paro cardíaco y ya no pudieron restablecerlo”, comentó el papá.


