Allan Madriz | EP. Un 6 de agosto de 1945, la ciudad de Hiroshima, en Japón, viviría una de las páginas más oscuras de la historia de la la comunidad, al convertirse en la primera población en sufrir un ataque con una bomba atómica.
Después de 70 años de esa tragedia, el mundo cuestiona la decisión del presidente estadounidense de ese momento, Harry S. Truman, la cual cobró en principio la vida de 140.000 seres humanos, en su inmensa mayoría civiles, muchos luego de sufrir terribles padecimientos.
Dotada de una fuerza destructora equivalente a 16 kilotoneladas de TNT, la bomba estalló a 500 metros del suelo, que ardió a 4.000 grados, y lo destruyó todo a su alrededor, en el momento de la explosión y posteriormente por efecto de la irradiación; lo que inició el fin de la II Guerra Mundial.
Tras el bombardeo, Hiroshima, que contaba con más de 300.000 residentes además de refugiados, perdió el 90% de sus edificios y aproximadamente un tercio de su población de forma instantánea. El 90% de las personas que se encontraban a menos de 800 metros del lugar en el que se lanzó la bomba quedaron reducidas a cenizas.
Tres días después, el 9 de agosto de 1945, la historia de volvería a repetir en Japón, pero en la ciudad de Nagasaki, que arrasó con otras 40.000 personas de forma instantánea; lo que provocó que el 15 de agosto Japón finalmente anunciara la rendición incondicional que desde hacía tiempo se le venía exigiendo por parte del Gobierno de los Estados Unidos.
“La usamos para acortar la agonía de la guerra, para salvar las vidas de miles y miles de jóvenes estadounidenses”, se justificó Harry S. Truman tres días después, en un mensaje transmitido el día del lanzamiento de una segunda bomba sobre la ciudad de Nagasaki.
A los supervivientes les esperó una serie de aterradoras enfermedades como: sangrado de encías, caída de dientes y cabello, cáncer, nacimientos prematuros, bebés con malformaciones y muertes repentinas.
Lo cierto es que la huella de una de las mayores tragedias de la humanidad podrá ser difícilmente borrada de la historia y de la mente de japoneses que 70 años después siguen padeciendo consecuencias del primer ataque atómico registrado.

