George Rodríguez EP. Los obispos de Costa Rica se solidarizaron con sus hermanos de Nicaragua, luego de la agresión que varios religiosos sufrieron en una localidad del suroeste nicaragüense, incidente durante el cual uno de los sacerdotes resultó herido.
En un mensaje de dos párrafos dirigido a sus contrapartes de Nicaragua, la Conferencia Episcopal de Costa Rica (Cecor) aseguró, al pueblo y a sus pastores, que no están solos, además de formular un llamado a que termine la represión gubernamental.
“Al enterarnos de la cobarde agresión hacia nuestros hermanos obispos (…) y ante el recrudecimiento constante de la represión del gobierno nicaragüense contra su propio pueblo, reiteramos nuestro mensaje de solidaridad y cercanía con los hermanos obispos y con el pueblo de Nicaragua, a la vez que instamos a la comunidad internacional a colaborar con la solución a este conflicto, para que se encuentre el camino que lleve a la paz”, indicaron los nueve integrantes de la Cecor.
Además, los obispos de Costa Rica aseguraron su acompañamiento mediante la oración.
“Ni el pueblo de Nicaragua ni sus pastores están solos. Les acompañamos con nuestra oración al Señor por mediación de Nuestra Madre del Cielo, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, Patrona de Nicaragua, para que cese la represión, y la paz reine en todo este hermano país”, señalaron.
La Cecor aludió así al violento incidente registrado el lunes, cuando, después de la escalada de violencia represiva en el departamento (provincia) nicaragüense de Carazo, la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) decidió enviar, desde Managua –la capital nicaragüense-, a algunos de sus integrantes, a solidarizarse con la población.
El grupo fue integrado, entre otros religiosos, por el presidente de la CEN y arzobispo de Managua, cardenal Leopoldo Brenes, el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, y el nuncio apostólico en Nicaragua, Waldemar Stanislaw Sommertag.
Desde que llegaron a Diriamba –una de las ciudades afectadas por la violencia del fin de semana, junto con Jinotepe, la capital departamental-, los sacerdotes fueron objeto de agresivo rechazo por parte de turbas –grupos civiles armados progubernamentales-, que, además, golpearon a reporteros de medios de comunicación opositores.
La agresión tuvo lugar en los alrededores los mismo que dentro de la Basílica de San Sebastián, templo que fue rodeado e invadido por los provocadores, simpatizantes de la administración del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, cuando los religiosos se hallaban en el interior.
Luego de la agresión, Báez –un firme crítico del gobierno-, quien sufrió una herida en su antebrazo derecho, escribió en la red social Twitter: “Asediado por una turba enardecida que quería ingresar a la Basílica San Sebastián en Diriamba, fui herido, golpeado en el estómago, me arrebataron las insignias episcopales y agredido verbalmente. Estoy bien gracias a Dios. Se liberó la basílica y a quienes allí estaban”.
El obispo auxiliar indicó, posteriormente, que, más allá de la violencia a la que se enfrentó, el grupo cumplió el cometido de su desplazamiento a Diriamba.
“Cumplimos con nuestra misión de liberar a las personas que estaban atrapadas en la basílica de San Sebastián. Esto que me pasó no es nada comparado a lo que ha sufrido el pueblo”.
Báez también planteó que es necesario evitar la violencia y priorizar el diálogo.
“Todo se puede evitar cuando razonamos”, dijo el religioso, quien advirtió que, “por medio de la violencia, todo se encamina a un callejón sin salida”.
Los incidentes ocurrieron en el marco de la violenta crisis sociopolítica nicaragüense que, estallada el 18 de abril –a raíz de fracasadas reformas al sistema de pensiones del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS)-, ha cobrado más de 300 vidas, generado miles de heridos, detenidos, y desaparecidos, y causado fuerte daño económico.


