Ha muerto una voz insignia para la cumbia colombiana, el porro, el bullerengue y el mapalé. La voz de la “Rosa, que linda eres”, “Aguacero de Mayo” o “Yo me Llamo Cumbia”.
La colombiana Sonia Bazanta Vides, mejor conocida como Totó La Momposina, ha fallecido este martes 19 de mayo, a sus 85 años, en Ciudad de México.
La noticia fue anunciada por el Ministerio de las Culturas colombiano y posteriormente confirmada por su hijo, Marco Vinicio Oyaga, a la emisora Blu Radio.
”Para nosotros es un descanso, porque una mujer como ella, con tanta vitalidad y tanta energía, ya no respondía físicamente”, dijo.
La artista había dejado los escenarios desde 2022 tras una larga carrera musical y reconocimientos nacionales e internacionales y este martes, la reconocida catautora sufrió un infarto al miocardio producto de su condición de salud.
Totó la Momposina nació en 1940 a la orilla del río Magdalena, en el municipio de Mompox. Es un antiguo puerto fluvial del Caribe colombiano, donde la herencia cultural incluye ritmos como la cumbia y el bullerengue.
El Pescador, del compositor José Benito Barros, fue uno de sus éxitos musicales, y uno de los cantos que hace honor al mundo frente al río que inspiró su carrera. Es la canción de un hombre que va en su canoa de bareque, en una noche oscura con la corriente subiendo, y “no tiene fortuna, solo su atarraya”.
Otra fue Yo me llamo Cumbia, donde hace honor a los ritmos de su tierra y al poder de su voz: “Yo me llamo cumbia, yo soy la reina por donde voy, no hay una cadera que se esté quieta donde yo estoy; Mi piel es morena como los cueros de mi tambor y mis hombros son un par de maracas que besa el sol”.
Totó se fue lejos de su Caribe un tiempo, a París, donde estudió Historia de la música, Organización de espectáculos, Coreografía y ritmo, todo en la Universidad de la Sorbona. Luego, La candela viva, su disco de 1993, le aseguró la visibilidad internacional masiva: se presentó en Cuba, Alemania o Estados Unidos, donde superó las 300 presentaciones en el Radio City Music Hall de Nueva York.
Fue ella también quien acompañó a otro caribeño que revolucionó en Colombia el mundo de la cultura, el escritor Gabriel García Márquez: cantó para él en la ceremonia de entrega del premio Nobel de Literatura en 1982. “A él le gustaba la chagonguería, era bailador, y le gustaba la música de nosotros: la que pertenece al Magdalena, la del acordeón”, dijo ella a la Fundación Gabo sobre su compañero, a quien conoció en Barranquilla cuando este era periodista.
Se fue la voz de La Verdolaga, Prende la Vela, Aguacero de Mayo, la que puso a bailar a Colombia con el mapalé. La suya, en sus palabras, fue “una música de verdad, que no miente. Es como el tambor, que a todo el mundo le llama y no sabe la razón, y es porque uno primero lo escuchó en el vientre de su madre, tam-tam, tam-tam”.


