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Nadie en las ciencias médicas ha podido demostrar el por qué un hombre busca el afecto de otro hombre, o una mujer busca lo mismo con otra mujer (posiblemente respondan más que nada a la necesidad de afecto inherente al ser humano). No hay pruebas genéticas a la fecha que confirmen una tendencia hereditaria a la homosexualidad o al lesbianismo y menos aun hacia la bisexualidad.

La psicología aún es una ciencia joven, relativamente especulativa y que se mueve en linderos intangibles e inasibles como son los senderos oscuros del pensamiento. La neurología ha dado gigantescos saltos desde los lejanos días en que Charcot disertaba doctamente en París en el hospital de la Pitié-Salpêtrière sobre el funcionamiento de la mente en la histeria, (los griegos llamaron a esa neurosis histeria por Hysterum (útero), es decir se consideraba una enfermedad femenina). Charcot hizo dar saltos gigantescos a la neurología, Freud tendría una enorme influencia de Charcot, llevaría más lejos las teorías sobre el funcionamiento de la mente y en cierto sentido crearía una divorcio entre psicología y neurología que apenas empieza a resolverse.

No tenemos ninguna razón de por qué la atracción hacia el mismo sexo en un elevado porcentaje de población (3.5 a 8.7 %) dicen estas cifras mucho sobre el comportamiento sexual del ser humano.

Hay unos trabajos históricos de tribus pre incaicas que practicaban la homosexualidad ritual y con el fin de mantener a los hombres jóvenes alejados de las mujeres, los adultos los inducían a la homosexualidad transitoriamente, después se integraban de plano a la heterosexualidad según los cronistas de indias; esas prácticas fueron prohibidas por los frailes porque evitaban la reproducción, lo que mantenía bajo el crecimiento demográfico y la mano de obra, entonces se utilizó la palabra “sodomía” para explicar ser pecado, no obstante el pecado de los habitantes de Sodoma fue la falta hacia los Ángeles del Dios Altísimo, Lot quiso impedirlo y no lo logró. Aunque los Ángeles de Dios son intocables, lo grave fue la falta de hospitalidad hacia ellos y la lascivia; sin embargo sigue utilizándose ese término para designar la homosexualidad: lo que es un error.

Ante tanta falta de conocimientos acerca del comportamiento sexual instintivo, no podemos bajo ninguna condición emitir juicios morales contra los y las homosexuales. Digo esto por la solemne (y digo solemne porque fue emitida por un representante del pueblo en un recinto solemne) estupidez de Justo Orozco, “excomulgando” a la diputada Carmen Muñoz. De hecho este diputado busca conquistar votos de fundamentalistas para el próximo año, pero no se justifica ese tipo de insulto, el reglamento de la asamblea debería contemplar condenas contra este tipo de prácticas. La señora Muñoz merece una disculpa pública del Torquemada en ciernes.

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