Los diputados “cristianos” Orozco y Avendaño y sus colegas del PASE, ya instalados en el directorio legislativo, apenas contenían las ganas de sumarse casi con lágrimas en los ojos al jolgorio liberacionista, mientras en la barra de prensa todavía se comentaba lo bien que iba peinada una diputada o lo fatal que le sentaba un nuevo traje a un diputado.
Escuchando a Chinchilla de verdad que no sabíamos a ciencia cierta de qué país hablaba. ¿Será que el descontento en la sociedad, el hartazgo por la corrupción galopante, el desplome de la popularidad del Gobierno en las encuestas, etcétera, etcétera, son meros espejismos?
No es que sea una novedad, pues estamos acostumbrados a que los presidentes sean incapaces de la mínima autocrítica, de la terca negación de la realidad, del elogio sin límite de sus glorias. Pero la presidenta logró batir el récord del autobombo.
La economía del país está boyante. En dos años todos los índices han mejorado en la industria y en el agro, en el apoyo espectacular a las pequeñas y medianas empresas de la ciudad y del campo, en los beneficios directos al consumidor.
En comercio exterior ¿para qué hablar?, la estrategia de la apertura a través de tratados de libre comercio nos ha colocado a la vanguardia de América Latina, y eso que todavía no se han firmado los tratados con la Unión Europea, Singapur, Perú, Colombia y Corea.
La política de concesiones de servicios y obras públicas también va en viento en popa, y lo más notable será proximamente los benefecios que le dejará al país la privatización de los muelles de Limón y de nuevas concesiones de carreteras.
Además, se está acabando con la burocratización del Estado, y los éxitos en educación son indudables, como el Programa de Ética, Estética y Ciudadanía que conduce el ministro Garnier.
Ahí no paran los éxitos del Gobierno, pues se combate eficazmente la pobreza y se toman medidas para abatir el crecimiento de la desigualdad social. Se reconoce la crisis financiera de la Caja, pero nunca un gobierno hizo lo que está haciendo la administración Chinchilla para sacar de la crisis a la Seguridad Social.
También son notables los avances en materia de seguridad y de combate a la delincuencia y al crimen organizado, para no hablar de lo que este Gobierno ha hecho para garantizar la seguridad ambiental y el desarrollo sostenible.
Las cosas podrían ir todavía mejor pero hay un problema de gobernabilidad en el país, que según Chinchilla no le permite a su Gobierno desarrollar toda la obra amorosa que desearía para bienestar del pueblo.
Por último, como el Gobierno no sabe bien qué hacer, se integrará una nueva “junta de notables” para que haga las recomendaciones correspondientes.
Esta es una síntesis apretada de lo que dijo básicamente Laura Chinchilla.
¿Un discurso oligofrénico, un ejercicio supremo de cinismo?
En todo caso, una afrenta a la verdad, un irrespeto a la ciudadanía. Es la misma Presidenta que pagaba hace unos meses cadenas de televisión, anunciando el desastre si no se aprobaba rápidamente el paquete fiscal contra el pueblo.
Pretenden ella y sus subalternos, por lo visto, ignorar que todas las estadísticas coinciden en señalar la grave desigualdad social y territorial que crece incesantemente en Costa Rica.
Ocultan miserablemente el fracaso de la lucha contra la pobreza, que permanece estancada también con grave tendencia a crecer, a pesar de las importantes sumas dedicadas a combatir este flagelo.
Miran para otro lado cuando es cierto que se gasta en educación, pero que sigue aumentando la brecha entre la educación pública y la educación privada, fundamentalmente en la educación primaria y secundaria, pero también en las universidades con las políticas presupuestarias restrictivas que impiden el acceso de decenas de miles de jóvenes a la educación pública superior.
Mienten cuando aseguran que la Caja está enfrentando, gracias a la ayuda del Gobierno, con éxito sus graves problemas acumulados. La crisis de la Caja sigue su curso, se aplican medidas cosméticas mientras se siguen transfiriendo enormes sumas de la salud pública a la salud privada. Que se dé una vuelta la Presidenta por las clínica y hospitales, para conocer el drama que viven muchos asegurados, que hable con los médicos, enfermeros, trabajadores en general del Seguro, que de verdad están comprometidos con la defensa de la institución, a ver qué piensan de lo que dice el Gobierno.
No dicen la verdad cuando aseguran que el agro está muy bien, que los pequeños y medianos empresarios están contentos.¿Cómo se atreven? Están muy bien las transnacionales de los monocultivos de exportación, miestras sufren la ruina y todo tipo de calamidades los campesinos que quieren trabajar la tierra para vivir con dignidad y darle seguridad alimentaria al país. Pequeños y medianos empresarios se arruinan cada día o viven ahogados por las deudas y por la imposibilidad de salir adelante en mercados oligopólicos controlados por grandes corporaciones.
Insulta la inteligencia y la experiencia de todas las personas, grupos, comunidades que luchan por la defensa del ambiente en Costa Rica. Claro que todavía el país mantiene buena parte del territorio protegido, un orgullo y una conquista que, sin embargo, no se debe ni a este ni a ningún gobierno neoliberal. Al contrario, ellos favorecen las políticas depredadoras de la Naturaleza, la mercantilización de los recursos naturales. Si por este Gobierno fuera Crucitas estaría ya operando a toda máquina en Costa Rica, para poner sólo un ejemplo de este doble discurso bochornoso.
Es su Gobierno el que impuso un humillante aumento de cinco mil colones a los trabajadores y trabajadoras del sector público, mientras tiene la desfachatez de presumir de una política de salarios crecientes.
Ni una palabra sobre los derechos de las mujeres. Ni una crítica al aumento vergonzoso de la violencia machista contra la mitad de nuestro pueblo. Ni una mirada al crecimiento acelerado de la violencia doméstica.
Ni una palabra para la niñez abusada, explotada, tirados muchos niños a la calle como basura. Ni palabra tampoco para los ancianos que apenas sobreviven con pensiones de hambre.
Nada que decir sobre la flagrante violación de los derechos sindicales y laborales en el país. Silencio sobre los derechos de las minorías. Los indígenas no existen y sus reivindicaciones mil veces burladas no merecen tampoco atención de este Gobierno.
Necesidad de más impuestos, pero sin tocar a los grandes banqueros y a la especulación financiera.
Ningúna responsabilidad, ni un mínimo sentido de culpa, por los innumerables casos de corrupción en los que han sido beneficiarios o cómplices muchos funcionarios de este Gobierno.
Como decía Abraham Lincoln “se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.
