George Rodríguez EP. La represión del gobierno estadounidense contra los contingentes de migrantes del Triángulo Norte de Centroamérica –El Salvador, Guatemala, Honduras- que se dirigen, caminando, hacia Estados Unidos, no soluciona los agudos problemas socioeconómicos y de seguridad que golpean a esa región, dijo este miércoles un legislador izquierdista guatemalteco.
Se trata de dificultades de las cuales Estados Unidos es corresponsable, por su histórico intervencionismo en Centroamérica, aseguró Walter Félix, diputado por la ex guerrillera Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG).
Félix aludió así a las fuertes críticas del presidente estadounidense, Donald Trump, respecto a las marchas de migrantes centroamericanos –la mayoría, actualmente avanzando, por territorio de México, hacia Estados Unidos-, y a la decisión del mandatario de militarizar el lado estadounidense de la frontera terrestre de 3,155 kilómetros entre ambos países.
Reprimir a los migrantes “no es la solución a los grandes problemas que además, hay que decirlo, Estados Unidos tiene su cuota de responsabilidad”, precisó el diputado.
Además, las personas, a nivel mundial, tienen derecho a movilizarse de un país a otro, señaló.
Por lo tanto, el mandatario estadounidense no debe asumir la actitud de “parar el derecho de migrar que tienen los seres humanos sobre la tierra”, aseguró, para agregar que los masivos desplazamientos de personas, como los que están, hace días, en desarrollo, demuestran lo que describió como el “fracaso de las políticas neoliberales que ha impulsado Estados Unidos en nuestros países”.
En ese sentido, mencionó, a manera de ejemplo, la Alianza de la Prosperidad para el Triángulo Norte de Centroamérica, promovida por Estados Unidos.
El fracaso de tales iniciativa se evidencia ante “el incremento de la pobreza, la falta de oportunidades y de empleo” en el área, donde “el hambre es el principal motor de las caravanas”, explicó.
La Caminata del Migrante –mayoritariamente integrado por ciudadanos hondureños y que incluye a mujeres, algunas embarazadas, y niños- salió el 13 de este mes de la noroccidental ciudad de San Pedro Sula –el centro industrial maquilador textil de Honduras- rumbo a Estados Unidos.
La mayoría de los caminantes logró, el 19 de octubre, ingresar a territorio de México, pero su avance fue interrumpido por centenares de agentes de la Policía Federal de ese país.
El gobierno mexicano indicó que la acción policial obedeció al hecho de que el contingente ingresó irregularmente al país, y que las autoridades pertinentes estaban en disposición de apoyar a los migrantes, en el marco de la legalidad.
Sin embargo, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y otras autoridades de ese país expresaron disposición a apoyar a los integrantes de la masiva marcha en el proceso de regularización migratoria para continuar el avance hacia la frontera con Estados Unidos o solicitar refugio.
La mayoría logró la continuación de su desplazamiento hacia la frontera mexicano-estadounidense.
Los participantes en la marcha huyen de la violencia y la falta de oportunidades que afectan a Honduras.
Al grupo original se han sumado tres contingentes de ciudadanos salvadoreños, quienes también procuran cruzar territorio mexicano, rumbo a Estados Unidos.
Ante el avance de los miles de caminantes, Trump ha emitido fuertes comentarios contra las marchas, afirmando que integrantes de “maras” –pandillas- de los tres países son parte de esos desplazamientos masivos, y militarizando el lado estadounidense de la frontera México-Estados Unidos.
La movilización de tropas, que está en desarrollo responde al hecho de que las fuerzas de seguridad mexicanas no frenaron –por incapacidad o por falta de voluntad- a los caminantes, ha indicado.
Trump también ha advertido que, ante lo que considera como la incapacidad de los gobiernos del Triángulo Norte, suspendería –total o parcialmente- la ayuda estadounidenses a los tres países.
