Como si no resultara agotadora la campaña política basada en el odio hacia poblaciones vulnerables de nuestro país, nos encontramos con que el padre espiritual de muchos creyentes y de un candidato a la presidencia de la República, ha asegurado ser el responsable de ordenar a las placas tectónicas de Costa Rica, que se puedan alinear de tal manera que no causen daños cuando ocurran terremotos.
Las placas, según él, de manera dócil al igual que sus seguidores, le han obedecido y gracias a su infinito poder, nos ha salvado la vida; debido a que a través de su intercesión, el terremoto que sacudió a Costa Rica en el año 2012, causó efectos mínimos.
Para él y sus discípulos, nada tiene que ver la instauración del código sísmico que el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos viene implementando desde hace décadas para prevenir daños mayores ante las diferentes eventualidades a las que se encuentra expuesto nuestro país. La ciencia para ellos, resulta inútil, obsoleta y hasta perjudicial.
Este tipo de embaucadores se aprovechan de la ignorancia, ingenuidad pero por sobre todo, de la estupidez que impera entre los fanáticos en cualquier área; quienes endiosan a sus ídolos de pies de barro, tanto así que los idolatrados llegan a creerse las mentiras que predican.
El mundo ha creado a muchos de ellos con los peores resultados. ¿Cómo olvidar tantos suicidios masivos de fanáticos religiosos, promovidos precisamente por sus pastores, personas que creyeron y creen estar por encima de Dios, manipulando la vida de los demás a su antojo?
Todos podemos terminar de una buena vez con esta sarta de vividores de la fe provocando otro tipo de remezones en la sociedad.
La elección de una nueva fiscal con verdadera autoridad moral, más por la presión social del pueblo costarricense cansado de la corrupción que impera, que por el deber moral que por herencia histórica se ajustaba a los peores intereses de quienes han saqueado a nuestro país; demuestra que las placas técnicas de la inmoralidad del Poder Judicial han tenido que acomodarse para comenzar a evitar el menor daño posible a nuestra institucionalidad.
Tenemos muchas fallas que reparar, la elección de la fiscal airea la democracia y nos devuelve la esperanza de que las cosas se pueden cambiar cuando nos movilizamos, creamos conciencia y actuamos en consecuencia.
Durante meses y de manera incansable varios ciudadanos se congregaron frente a las instalaciones de la Corte Suprema de Justicia para denunciar la podredumbre destapada del Poder Judicial, ahí soportaron lluvia y sol, su idea: generar conciencia. Ese tipo de personas son las que sí generan los temblores que necesitamos para remover las placas de la indiferencia.
¡De eso se trata!
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