Por Gerardo Hernández*
Para el día 8 de octubre fui comisionado por la Presidenta del Partido Frente Amplio y Diputada, Doña Patricia Mora Castellanos, para participar en un panel titulado “Democratización de la comunicación para la participación y el control ciudadano”, en el contexto de la XLVII Asamblea Nacional Ordinaria del Sindicato de Educadores Costarricense (SEC).
Una temática de gran relevancia en un contexto de concentración de la propiedad de medios de comunicación privados, del poco peso que tienen en Costa Rica los medios públicos y de la necesaria y urgente actualización de la legislación vigente para democratizar el espectro radioeléctrico.
Tema sobre el que debe debatirse abiertamente y con fundamentos, con la participación de todos los actores políticos y sociales. Porque hasta ahora, lo que ha predominado son las garantías, derechos e intereses de los medios de comunicación, al tiempo que se han dejado de lado los derechos de las personas. Urge la institucionalización de los derechos humanos comunicativos!!!. La iniciativa de Ley Participativa de Radio y Televisión, impulsada por algunos movimientos sociales y políticos, académicos y ONG’s, constituiría un gran salto en ese sentido.
Al panel habían confirmado participación dirigentes o designados (como en mi caso) de 4 partidos políticos, el FA, PLN, PUSC y el PAC. La cita era a las 3 pm en el Gimnasio Nacional, donde tenía lugar la Asamblea del SEC desde el día de ayer.
Me retrasé unos minutos y conforme me acercaba a la entrada del Gimnasio, colmado de personas trabajadoras del sector educativo de todo el país, escuchaba una gritería cada vez más fuerte.
Al llegar a la mesa principal, ya estaban en sus puestos el señor José María Figueres Olsen, Expresidente de la República y actual Presidente del Partido Liberación Nacional, así como don Rodolfo Piza Rocafort, ex candidato presidencial del PUSC. La persona que participaría por el PAC no había llegado o no supe quién era.
El estruendo y el desorden se debían a un numeroso grupo de participantes de la Asamblea que abucheaban al señor Figueres, mientras la dirigencia del sindicato trataba de calmar los ánimos sin lograrlo. La actividad fue finalmente suspendida, cuando mi vaso de agua estaba apenas medio lleno o medio vacío, en medio de aquel tenso y acalorado ambiente.
Guardé mis apuntes en la mochila, tomé un sorbo más de agua, apuré a despedirme y a salir del Gimnasio, con una sensación muy distinta a la de otras ocasiones en que he compartido con Dirigencia y personas afiliadas del SEC. Esta vez, con un gran sinsabor, sobre el que ahora escribo y comparto esta reflexión.
Puedo entender que en este país existe mucha rabia contenida por la forma de gobernar o por actos específicos de algunas de las personas que conforman la élite política. También puedo comprender, respetar y hasta compartir, diversas formas de expresión, manifestación y protesta de sectores que hemos luchado y seguimos luchando en defensa de los derechos laborales, por la justicia social y contra la corrupción.
Sin duda, están muy frescas en la memoria de quienes hace rato dejamos el límite de la juventud pero aún no llegamos a ser adultos plenos, coyunturas de conflicto como las del Pacto Figueres-Calderón, el Combo del ICE, el TLC con los EEUU, el memorándum del miedo (Casas-Sánchez), los escándalos de corrupción vinculados a varios ex Presidentes de la República; la minera Crucitas; la impunidad; etc. etc., en medio de una serie de políticas específicas pero sistemáticas, que poco a poco han ido debilitando nuestro Estado Social de Derecho.
Pero el sinsabor, la preocupación y la duda que me dejaron los hechos referidos, es si estamos rondando ya niveles de intolerancia y polarización políticas que nos impidan escucharnos, debatir y construir acuerdos desde nuestras diferencias. Situaciones que se generan en una comunidad política cuando solo unos ganan o generalmente lo logran, lo celebran, los disfrutan y lo ostentan; mientras que diversos otros, poco ganan o casi siempre pierden.
Con todo y los cuestionamientos, que puedo compartir con quienes están inconformes con el señor Figueres y su partido, yo hubiera preferido que, aunque se diera la protesta y la manifestación del descontento, también se permitiera abrir el espacio para escuchar los planteamientos de los panelistas, debatir, dialogar, hacer explícitas las coincidencias y las divergencias. Al cerrarlo, me parece, todos y todas perdimos.
*Integrante del Partido Frente Amplio

