George Rodríguez EP. El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, aseguró este jueves que la actitud golpista descalificó a los obispos nicaragüenses como mediadores en el Diálogo Nacional para buscar la pacificación del país.
Los planteamientos que le formularon, durante una reunión desarrollada poco después de iniciado el diálogo, constituyó un mensaje en el sentido de que buscaban un golpe de Estado, aseguró Ortega, al hablar en Managua, la capital nacional, en el acto central conmemorativo del 39 del triunfo de la Revolución Popular Sandinista.
En el marco de ese encuentro, los mediadores plantearon la exigencia de cambio de los integrantes de los Poderes del Estado, incluida la remoción del presidente, con lo que revelaron la estrategia golpista, agregó.
“Los mediadores, reunidos (…) con todos los señores obispos, encabezados por el cardenal, me leyeron la cartilla, sacaron la estrategia, y ahí decían: ‘hay que cambiar ya (…) al Poder Judicial, al Poder Electoral, a la Contraloría, a todos los Poderes del Estado, a la Asamblea Nacional, y hay que quitar el presidente’ ”, indicó, en referencia al presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) y arzobispo de Managua, cardenal Leopoldo Brenes.
El mandatario señaló que, de ese modo, los obispos demostraron su alineamiento con la quiebra del orden constitucional.
“Yo pensaba que eran mediadores, pero no, estaban comprometidos con los golpistas, eran parte del plan con los golpistas”, de modo que, “ahí mismo, ellos se descalificaron como mediadores, se descalificaron como testigos. Por qué? Porque su mensaje claro fue el golpe”, subrayó Ortega, quien aseguró que “un golpe de Estado querían provocar, en Nicaragua, dicho por ellos”.
Ortega se declaró dolido por esa actitud, que, indicó, refleja una posición más de confrontación que mediadora.
“Me duele mucho decir esto, porque yo le tengo aprecio, a los obispos, les tengo aprecio, les respeto, soy católico, pero, ahí, ellos tienen posiciones, unos de mayor confrontación, otros –diría yo- más moderada, pero, desgraciadamente, siempre se impone la línea de la confrontación, y no la línea de la mediación”, planteó.
El presidente exhortó a los líderes católicos nicaragüenses a que rectifiquen su actitud.
“No vamos, tampoco, a irrespetar a los obispos, no vamos a pelear con los obispos, pero, por la verdad murió Cristo, y, como cristianos, estamos obligados a decir la verdad, y a pedirles, a los señores obispos, a que rectifiquen, por amor de Dios, que rectifiquen, y no estén alimentando a estas sectas satánicas, golpistas, asesinas”, dijo.
En opinión de Ortega, el arzobispado debe exorcizar a ese sector, y hacerle entender lo necesario que es el restablecimiento y la consolidación de la paz.
“Que exorcicen a los demonios que tiene ahí, que les digan que el camino no es la guerra sino que es la paz, el diálogo, que les digan que tenemos que restablecer, de forma definitiva, total, permanente, la paz, la estabilidad, para que el país pueda seguir creciendo, seguir desarrollándose, porque habrá que hace un esfuerzo enorme, ahora, para levantar la economía”, expresó.
Ello requiere unidad nacional, más allá de posiciones ideológicas y de fe.
“Para esto, es imprescindible que, aquí, todos los nicaragüenses, independientemente de ideología, independientemente del pensamiento político, independientemente de la religión, juntemos fuerza para asegurar la paz, que es lo que nos da la seguridad y un futuro mejor para todas las familias nicaragüenses”, subrayó.
Ortega formuló el mensaje un día después de cumplidos tres meses desde el estallido de la violenta crisis sociopolítica que hasta ahora registra saldo superior a 350 víctimas fatales, y más de dos mil heridos, detenidos, y desaparecidos, además de daños económicos en gran escala.
La situación se originó, el 18 de abril, en el decreto presidencial que apuntaba a reformar el sistema de pensiones del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).
El retiro, días después, del decretó, determinó que la masiva protesta popular se enfocase en la actual exigencia de que Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, renuncien a sus respectivos cargos.
La respuesta de la pareja gubernamental ha consistido en intensificar la represión policial y parapolicial antiopositora.


