Si nos detenemos a pensar en que ese virus puede atravesar largas distancias en unas pocas horas, gracias a la era del jet, es escalofriante pensar en lo que sucedería si se presenta en América o en Europa de súbito. De hecho, es posible que se salga de las manos de las autoridades sanitarias, causando una catástrofe de dimensiones apocalípticas, que terminaría con doscientos o trescientos millones de seres humanos en breve tiempo, calculando la densidad de población actual y la de 1,918.
¿Están nuestras autoridades sanitarias preparadas? ¿Tenemos capacidad de movilización y manejo hospitalario en el territorio nacional y el área metropolitana para atenuar la mortalidad? ¿Existe una comisión permanente de monitoreo y vigilancia a nivel nacional? Esas preguntas causan cierto desasosiego en un país que ha perdido mucho de la capacidad de panificación y ejecución de programas, que nos pasamos tarareando estupideces innecesarias entre el ejecutivo y nosotros los descalzos, por una sencilla cabezonada sobre una carretera.
Es un hecho que estamos “esquizofrenicamente escindidos” como nación, no sabemos ni remotamente hacia donde se dirige la economía, hacia donde la institucionalidad y hacia donde el gobierno, ni siquiera entre los tres poderes públicos hay consenso y mucho menos liderazgo: ni en el ejecutivo, ni el legislativo ni el judicial. Estamos “al pairo” en un mar de incertidumbre, somos un país acéfalo en la mayoría de los frentes y eso es preocupante, máxime cuando recibimos de China contenedores de mercancías todos los días y viajeros nuestros van y aquellos vienen y no hay un monitoreo real.
Hago un llamado a la señora ministra de salud, para que reavive la comisión, la amplíe a nivel cantonal (81 subcomisiones voluntarias bajo el alero de cada municipio) y mantenga informada a la población por medio de notificaciones diarias, cuando una enfermedad como la gripe aviar se presenta, la tragedia no da tiempo a organizarse. No perdamos tiempo para no perder vidas innecesariamente.
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