La producción nacional de frijol atraviesa una de las etapas más críticas de las últimas décadas.
Costa Rica pasó de una condición de autoabastecimiento en los años ochenta a depender, en la actualidad, de importaciones que superan el 80% del consumo nacional.
De acuerdo con Rafael Evelio Granados Carvajal, académico de la Escuela de Ciencias Agrarias, la producción nacional apenas cubre dos meses del consumo interno y enfrenta una reducción sostenida en áreas sembradas, cantidad de productores y rendimientos agrícolas. Granados explicó, en conferencia de prensa, que el debilitamiento de las políticas públicas sectoriales, junto con el fortalecimiento de la apertura comercial, provocó una transformación profunda en el sector agrícola nacional.
Entre los factores señalados están el desmantelamiento institucional, la disminución de la investigación pública y la entrada de frijol importado sin aranceles, tras los procesos de apertura comercial. También indicó que la visión de los granos básicos como mercancías estandarizadas a nivel global, ha desplazado el valor de la producción local fresca y nutritiva, además de afectar el empleo rural y el arraigo territorial.
Asimismo, advirtió sobre el incremento de la dependencia alimentaria y la vulnerabilidad asociada con el abastecimiento externo. Los datos del Consejo Nacional de Producción (CNP) muestran una reducción significativa del área sembrada.
Entre 2018 y 2025, la superficie destinada al cultivo pasó de aproximadamente 16.000 hectáreas a poco más de 9.000, lo que representa una disminución cercana al 50%. La producción también mantiene una tendencia decreciente. Aunque en 2022 se registró un repunte, para el periodo 2024-2025 la producción cayó a poco más de 152 mil quintales, muy por debajo de registros anteriores. Las regiones Huetar Norte, Brunca y Chorotega figuran entre las más afectadas.
Según Granados, cada año desaparecen productores y disminuyen las oportunidades de empleo vinculadas con la actividad agrícola. Entre las principales causas destacan las importaciones más baratas, las sequías y fenómenos climáticos extremos, así como los bajos precios pagados al productor nacional.
Triste Cronología
Mientras en las décadas de 1980 y 1990 se fortalecieron programas de investigación y desarrollo de variedades nacionales como Cabécar y Nambí, en años posteriores disminuyó la investigación pública impulsada por el INTA y avanzó la apertura comercial.
En 2024, además, las lluvias extremas afectaron la producción y provocaron pérdida de material genético. Como parte de las propuestas planteadas en materia de políticas públicas, el académico sugiere revalorizar el frijol nacional desde una perspectiva de salud y seguridad alimentaria, especialmente por su aporte nutricional para la niñez y las personas adultas mayores.
Además, plantea fortalecer la investigación impulsada por el INTA para conservar y mejorar materiales genéticos, ampliar las políticas de compra pública del CNP y mantener estrategias sectoriales que permitan sostener la producción de semillas y la oferta de frijol diferenciado en el mercado nacional. También propone ampliar el registro de moléculas para el control de nuevas plagas y enfermedades, fortalecer la coordinación con las universidades públicas en temas de seguridad, salud y sostenibilidad alimentaria, y actualizar las normas de importación a partir de indicadores relacionados con digestibilidad, contenido proteico y calidad nutricional del producto.

