Si la Constitución Política garantiza el secreto fiscal, es hora de cambiarla, mejorarla y adaptarla a la realidad de la sociedad costarricense de 2012 y años venideros.
Es una pena que la Presidenta le haya dado el visto bueno a la denuncia contra esos patriotas que lo arriesgaron todo, sus nombres, puestos de trabajo y estabilidad de sus familias por negarse a obedecer leyes que son injustas e inmorales.
Con este acto de protección a la casta corrupta que nos gobierna, la Señora Presidenta de la República se pone de su lado y por consecuencia pierde ante los ojos de la ciudadanía la poca legitimidad que aun le podíamos conceder.
El Plan Fiscal ha sido declarado inconstitucional, bien ya es un paso hacia una justicia más creíble, ahora le sigue el turno al secreto fiscal.
Queremos los nombres y apellidos de los verdaderos ladrones de este país, de los que viven como reyes gracias a la evasión fiscal, de los que han amasado fortunas haciéndonos harina a todos nosotros.
Hay que hacer las cosas bien hechas y llegar hasta las últimas consecuencias. La cacería no debería ser de brujas, como en los peores tiempos de la Inquisición.
La cacería debe ser de las y los delincuentes que nos miran desde arriba con desdeño porque cuentan con todo un arsenal de abogados, expertos, consultores, financieros y contables para encontrar el mejor portillo, la mejor forma de robar al amparo de leyes que fueron creadas en su beneficio y para el mejor provecho de la casta política y económica que nos gobierna tranquilamente instalada en total confort y seguridad.
El Secreto fiscal es INMORAL e INJUSTO.
Somos el hazme reír de la OCDE (Organización de Cooperación y de Desarrollo Económico) y del mundo entero, puesto que saben perfectamente que el “país más feliz del mundo” es un paraíso fiscal en el que protejemos a evasores y ladrones.
Ocultamos descaradamente bajo secretos “legales», información que favorece el lavado de dinero, la delincuencia nacional e internacional,la evasión fiscal y la impunidad.
Sólo las y los imbéciles obedecen leyes inmorales.
Nada nos obliga a continuar obedeciendo leyes injustas, asi estén garantizadas por la Constitución Política, mientras los verdaderos(as) ladrones andan sueltos y muertos de risa.
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