
En primer lugar, la llamada “Oposición” (con ecos del golpismo venezolano) nos dice a los costarricenses que ya se han unido, o al menos, coordinado haciendo a un lado sus diferencias porque más fuertes son sus intereses comunes: evitar que se discuta la Fecundación in Vitro, las uniones igualitarias, la reforma fiscal, y según indicara este martes 12 de mayo el Jefe de Fracción del Frente Amplio, también han sacado de la agenda de discusión proyectos a favor del medio ambiente.
Valga mencionar que el término “derechos humanos” se usa como comodín según convenga, pues por ejemplo, para un grupo el llamado “derecho al aborto” es un derecho humano, mientras que para otro, el “derecho a la vida” de los defensores de los no-natos, es claramente otro derecho humano. Así, lejos de pretender justificarla, no se le puede tachar a la “Alianza” una voluntad contraria a los derechos humanos. Sin embargo, es muy necesario para nuestra democracia que se conozca bajo cuáles ejes comunes, compromisos y proyectos consensuados se fraguó la Alianza en un lujoso hotel capitalino.
Aunque han afirmado que se autoeligieron en el Directorio con el fin de “poner a moverse a Costa Rica”, y “darle un rumbo a Costa Rica” entre otros nobles fines, recordemos que nadie cede cuotas de poder gratis, nadie se compromete a nada gratis. Es decir, el famoso y misterioso “documento de la Alianza” debe existir porque entre caballeros, damas y otros menos virtuosos, hay que dejar las cosas por escrito y los elevados fines de “trabajar por la Patria” (palabra que ya no se escucha mucho en la Asamblea, por cierto), no son suficientes: los compromisos son contratos y no basta la palabra per se.
Desde la acera contraria, el Presidente Solís y el PAC se verán forzados a orquestar mejor sus objetivos, declaraciones públicas, y fijarse una serie de metas y los pasos para alcanzarlos, eso mismo que suele llamarse “Plan de Gobierno.” Como decíamos en un comentario anterior, es casi imposible desentrañar la maraña tan tupida que representan los planes del Presidente y el PAC, tan enmarañados, de hecho, que citando a don Franklin Chang-Díaz, “los ticos nos enredamos en nuestra propia democracia.”
Para referirnos brevemente al Frente Amplio, decíamos que tienen la gran misión de redemocratizarse acercándose a sus bases, a las organizaciones que se coordinaron para engendrarlo y nutrirlo. De lo contrario, las fuerzas centrífugas serán fortísimas ante el resquebrajamiento del poder más o menos amalgado del PAC-FA en la Asamblea durante el primer año. Así, proyectos como las uniones gays, la lucha por el medio ambiente, la ley de territorios costeros (Tecocos), o la ley por los derechos de los animales, y la Reforma Procesal Laboral también serán abstracciones y buenas intenciones que quedarán dormiendo el sueño de los justos en la Asamblea sino se actúa. Ante tanta frustración popular, será mucha la tentación de desmembrar ese racimo amarillo y pintón que es el FA.
En todo caso, democracia es precisamente lo que se visualiza en este momento, pues nos alegró leer recientemente al señor Ordóñez con un punto de vista parecido al modestísimo nuestro: lo que se cierne en Costa Rica es un parlamentarismo, donde los diferentes partidos políticos no tienen otra que pactar, transar, poner a un lado sus resentimientos, y fijarse metas comunes para llevar adelante el gobierno. Así, si bien seguiremos gobernados desde el Ejecutivo por un solo partido (en teoría, pues existen figuras muy prominentes como Ana Helena Chacón, por ejemplo, quien viene del PUSC), veremos que en la Asamblea, será un arroz con mango quien lleve la batuta (o cuchara). Esto, como se ha dicho, debido a que por incapaces, bisoños o ingenuos haciéndole la comparsa a don Ottón, el PAC “hizo el ridículo” en la elección, según lo describiera el expresidente legislativo Henry Mora.
Vayamos cerrando: ¿estamos ante mayor democracia o menor democracia? Por un lado, tenemos un bloque neoconservador que dice querer ayudar al gobierno y a Costa Rica y que ahora, por su puesto conspicuo en el Directorio ha de demostrarlo: sino, Dios y nosotros se lo tendremos que demandar, y quedarán ante la opinión pública como partidos “renovados” o enterrados como “los mismos de siempre.” El Presidente, por su lado, deberá ejercer su autoridad y retar a la oposición en el buen sentido: probarse como el gobernante del cambio y defensor de la hacienda pública, rodeado del “mejor equipo” para gobernar.
Esta tarea, dados los hechos recientes en el Ministerio de Cultura, por ejemplo, le queda cuesta arriba, pero también le quedan tres años para “desfacer entuertos.” Finalmente, el FA tiene que caminar sobre el filo de la navaja sin cortarse: llegarle a los suyos, mantenerlos, llenar los graneros para el 2018, y dejar claro que es un partido nuevo, democrático y representante de las causas populares.
En este sentido, la flexibilidad que han mencionado tanto el PAC como el FA para aliarse en las elecciones municiapales del año entrante, nos dan atisbos interesantes de tolerancia y habilidad política. Veremos qué sale de eso. De los medios no hablaremos por ahora, pues han tomado bandos claramente contra el gobierno y no desaprovecharán oportunidad para ponerlo en evidencia. Señor Presidente, Ud. tiene la palabra, y aunque caliente, el sartén por el mango…todavía.
*Jenaro Díaz-Ducca Magister de TESOL y profesor de inglés de English For You Costa Rica