George Rodríguez EP. La Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) se apresta a decidir respecto a su permanencia, en calidad de mediadora y testigo, en el Diálogo Nacional que procura una solución negociada a la violenta crisis que afecta a ese país, dijo este domingo el cardenal Leopoldo Brenes.
Los obispos no han recibido comunicación gubernamental alguna relevándolos de esa tarea, aseguró Brenes, presidente de la CEN, en declaraciones a periodistas en Managua, la capital nacional, e indicó que los 10 integrantes de la conferencia proyectan reunirse el lunes para analizar ese punto.
“Mañana va a ser uno de los temas que vamos a abordar”, informó el cardenal, quien además es arzobispo de Managua.
No obstante las severas afirmaciones formuladas recientemente por el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, entre otras cosas, acusando a los obispos de ser participantes en una conspiración golpista, la CEN no ha recibido comunicación gubernamental alguna respecto a su papel en el diálogo.
Interrogado respecto a si los cinco obispos designados como mediadores se mantienen en esa condición, Brenes respondió que “pienso que sí, porque oficialmente, a través de una carta, no se nos ha dicho lo contrario”.
Al respecto, en declaraciones que formuló el 10 de julio –nueve días antes de la acusación formulada por Ortega-, el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez –un firme crítico del gobierno- aseguró que, no obstante las agresiones de que obispo y otros sacerdotes vienen siendo objeto por parte de grupos parapoliciales y simpatizantes orteguistas, la CEN mantenía la disposición a seguir mediando las complejas conversaciones actualmente interrumpidas.
“No nos retiramos pese a la hostilidad del gobierno. Seguimos creyendo que el diálogo es el camino para superar la violencia en Nicaragua, por tanto, no abandonaremos el diálogo”, declaró entonces el religioso.
Al participar el 19 de julio en el acto central conmemorativo del 39 aniversario del triunfo de la Revolución Popular Sandinista -que derrocó en 1979 a la dictadura del general Anastasio Somoza Debayle-, Ortega dio su versión del encuentro que desarrolló, el 7 de junio en Managua, con los 10 integrantes de la CEN.
Los planteamientos que le formularon entonces, constituyeron un mensaje en el sentido de que buscaban un golpe de Estado, ya que le plantearon la exigencia de cambio de los integrantes de los Poderes del Estado, incluida la remoción del presidente, con lo que revelaron la estrategia golpista, aseguró Ortega.
“Los mediadores, reunidos (…) con todos los señores obispos, encabezados por el cardenal, me leyeron la cartilla, sacaron la estrategia, y ahí decían: ‘hay que cambiar ya (…) al Poder Judicial, al Poder Electoral, a la Contraloría, a todos los Poderes del Estado, a la Asamblea Nacional, y hay que quitar el presidente’ ”, indicó.
Los obispos demostraron, de ese modo, su alineamiento con la quiebra del orden constitucional, subrayó el mandatario.
“Yo pensaba que eran mediadores, pero no, estaban comprometidos con los golpistas, eran parte del plan con los golpistas”, de manera que, “ahí mismo, ellos se descalificaron como mediadores, se descalificaron como testigos. Por qué? Porque su mensaje claro fue el golpe”, subrayó Ortega, quien aseguró que “un golpe de Estado querían provocar, en Nicaragua, dicho por ellos”.
El presidente exhortó, además, a los líderes católicos nicaragüenses a que rectifiquen su actitud.
“No vamos, tampoco, a irrespetar a los obispos, no vamos a pelear con los obispos, pero, por la verdad murió Cristo, y, como cristianos, estamos obligados a decir la verdad, y a pedirles, a los señores obispos, a que rectifiquen, por amor de Dios, que rectifiquen, y no estén alimentando a estas sectas satánicas, golpistas, asesinas”, dijo.
Poco después de formulada la acusación, Báez aseguró -en un mensaje en la red social Twitter- que la Iglesia católica de Nicaragua no sufre por ser blanco de calumnias sino por las personas asesinadas y las injustamente detenidas en el marco de la violenta crisis sociopolítica que golpea al país, y señaló que los sacerdotes rezan por las víctimas de la represión gubernamental.
Por su parte, el Obispo Abelardo Mata –quien el 14 de julio fue blanco de un atentado a balazos, del que salió ileso- planteó, al matutino opositor nicaragüense La Prensa, que el presidente se ha vuelto una bestia y, mediante el odio, ha convertido a sus seguidores en fanáticos irracionales y, como tales, en instrumentos de la violencia antiopositora.
La violencia que el presidente lanza contra quienes se le oponen es “fruto de una obcecación de la mente y corazón: el hombre se ha vuelto como una bestia”, aseguró Mata, obispo de Estelí, en el norte nicaragüense, denunció lo que describió como “el odio que han inculcado en el corazón de tanta pobre gente que le explotan su pobreza hace que estas personas se vuelvan irracionales y fanáticas”, y planteó que “Ortega promueve terrorismo de Estado”.
Promovido por el gobierno, y con la CEN como mediadora y testigo, el complejo Diálogo Nacional se instaló el 16 de mayo, con la participación de Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, quienes fueron blanco de severas críticas de parte de la representación, en las conversaciones, de la opositora Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia.
Interrumpido tres veces, a causa de la intransigencia de gobierno y oposición, el proceso está actualmente suspendido, sin fecha prevista para su eventual reinicio.
El diálogo apunta a lograr solución negociada a la violenta crisis sociopolítica que hasta ahora registra saldo superior a 350 víctimas fatales, y más de dos mil heridos, detenidos, y desaparecidos, además de daños económicos en gran escala.
La situación se originó, el 18 de abril, en el decreto presidencial que apuntaba a reformar el sistema de pensiones del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).
El retiro, días después, del decreto, determinó que la masiva protesta popular se enfocase en la actual exigencia de que Ortega y Murillo renuncien a sus respectivos cargos.
La respuesta de la pareja gubernamental ha consistido en ignorar la masiva demanda e intensificar la represión policial y parapolicial antiopositora.



