- Rafael Ángel García, “Felo” García, revolucionó la plástica costarricense al introducir el expresionismo abstracto y fundar colectivos artísticos como el Grupo Ocho.
- Además de su trascendencia en la pintura, se desempeñó como futbolista profesional en Europa y Latinoamérica, y fundó la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica.
- Su invaluable aporte al desarrollo cultural y académico del país le valió los máximos galardones nacionales: el Premio Magón en 2008 y el Premio Nacional de Arquitectura en 2014.
La historia cultural de Costa Rica de la segunda mitad del siglo XX no se puede entender sin la figura de Rafael Ángel García Picado, universalmente conocido como Felo García. Calificado por sus contemporáneos como un hombre de temperamento inquieto, polifacético e insurrecto, este creador rompió los moldes de una sociedad conservadora para abrir paso a la modernidad plástica y urbana en el país. Su obra y gestión institucional le valieron el respetuoso apodo de “El adelantado”.
Nacido en Paraíso el 30 de julio de 1928 y fallecido en diciembre de 2023, Felo García destacó como un auténtico artista de vanguardia. Su trayectoria abarcó disciplinas tan diversas como el fútbol profesional de alta competencia, la pintura abstracta matérica y la planificación del entorno habitable a través de la academia arquitectónica.
Un recorrido internacional entre las canchas y los lienzos
El origen de su visión disruptiva se forjó fuera de las fronteras costarricenses. Interesado inicialmente en la construcción, obtuvo una beca gubernamental en 1947 para estudiar en el Building and Arts de Londres. No obstante, los acontecimientos políticos de la Revolución del 48 en Costa Rica interrumpieron el financiamiento, obligándolo a trasladarse a Cuba. En el entorno caribeño comenzó una prolífica carrera como futbolista profesional, actividad que también lo llevó a jugar en las ligas de Inglaterra, Venezuela y Colombia.
Fue precisamente durante su paso por Cuba y Colombia donde despertó su profunda sensibilidad por las artes plásticas. De la mano del también artista costarricense Manuel de la Cruz González, empezó a entender la pintura como un canal de expresión vital. Asimismo, su estancia en urbes como Cali y Medellín le permitió observar de cerca la configuración de los barrios marginales y los tugurios, elementos que se convirtieron en el eje temático y estético de sus producciones iniciales.
En 1954, una nueva oportunidad educativa lo llevó de regreso a Inglaterra. En territorio británico encontró respuestas a sus inquietudes estéticas dentro del expresionismo abstracto, corriente centrada en el valor de las texturas, las líneas y el color por encima de la representación exacta de la realidad objetiva. Durante este periodo formativo, integró el colectivo estudiantil Nueva Visión, un espacio dedicado a la retroalimentación teórica y la exhibición de propuestas artísticas alternativas.
El choque cultural y el impulso al movimiento abstracto
A su regreso definitivo en 1956, el panorama local presentaba un notable estancamiento artístico que causó el rechazo inmediato del pintor. Decidido a sacudir los cimientos del medio, en 1958 inauguró la segunda exposición de arte abstracto registrada en el país. Aquella presentación generó un impacto complejo y desató incomprensión entre el público de la época, que llegó a mofarse de sus composiciones alegando una supuesta falta de técnica en el dibujo tradicional.
Lejos de desistir, Rafael Ángel García unió esfuerzos con otros creadores de su generación para fundar el Grupo Ocho y la galería Forma. El objetivo primordial de estas iniciativas fue dinamizar la agenda cultural, descentralizar el arte de los circuitos cerrados de la capital y fomentar una sociedad receptiva hacia los lenguajes contemporáneos. Con el tiempo, la experimentación formal de Felo García evolucionó hacia:
- La pintura matérica, incorporando elementos no convencionales como el aserrín, la arena y el yeso.
- La abstracción caligráfica y gestual, utilizando técnicas vinculadas al action painting mediante el uso de goteos y pinceladas espontáneas sobre la tela.
- El uso de materiales de reciclaje y desechos industriales, tales como tuercas, láminas metálicas y maderas.
- La inclusión de resinas quemadas en composiciones emblemáticas, siendo un claro ejemplo su obra Galaxia de 1963.
En el plano de la gestión institucional, su liderazgo fue clave para la creación de la Dirección General de Artes y Letras en 1963, entidad de la cual fungió como su primer director, expandiendo las actividades culturales hacia las zonas rurales del territorio nacional.
La estética de lo cotidiano y la arquitectura holística
El enfoque temático de Felo García se vinculó estrechamente con su perspectiva como planificador urbano. Sus representaciones de barrios marginales evitaban caer en la denuncia social panfletaria, transformando las fachadas de latas, cartón y madera en un potente recurso estético. Aunque en sus telas no se aprecian figuras humanas, la presencia de la comunidad se manifiesta de manera sutil a través del cableado eléctrico, la ropa tendida y las luces de las viviendas. El creador argumentaba que en estos entornos existía pobreza económica, pero no miseria mental, resaltando la ingeniosa capacidad de las familias para resolver de forma creativa la distribución del espacio frente a las adversidades de la vida diaria.
Su compromiso con el hábitat humano se consolidó en el ámbito académico en 1971, cuando asumió la labor de fundar y dirigir la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica (UCR), cargo que ejerció hasta 1979. Junto a los especialistas Jorge Bertheau y Edgar Brenes, estructuró un modelo pedagógico revolucionario para la región. La propuesta planteaba que el objeto arquitectónico no debía concebirse de forma aislada, sino integrado por completo a su realidad geográfica y social, involucrando de forma directa a los estudiantes en proyectos comunitarios reales. Bajo su dirección, se impulsaron investigaciones de alto impacto social, como el proyecto “Bambú, una alternativa de desarrollo”, orientado a ofrecer soluciones de vivienda digna y accesibles para poblaciones de escasos recursos económicos.
Por su infatigable trayectoria en beneficio del patrimonio nacional, el Estado costarricense le otorgó las máximas distinciones oficiales de su historia cultural. En el año 2008 recibió el Premio Nacional de Cultura Magón por su trascendencia en las artes plásticas. Posteriormente, en el marco de la Bienal Internacional de Arquitectura del año 2014, fue condecorado con el Premio Nacional de Arquitectura de Costa Rica, cerrando un círculo de excelencia que unió la sensibilidad estética con el diseño del espacio social.
