George Rodríguez EP. El asesinado arzobispo Oscar Arnulfo Romero fue canonizado este domingo, convirtiéndose en el primer santo de El Salvador.
Durante la ceremonia llevada a cabo en el Vaticano, el papa Francisco canonizó, además, al papa Pablo VI, a otros cuatro religiosos y a un laico.
“Declaramos y consideramos santos a Pablo VI y a Óscar Arnulfo Romero Galdámez”, dijo el pontífice, ante unas 70 mil personas de diversas nacionalidades congregadas en la Plaza de San Pedro, incluidos unos siete mil salvadoreños.
La declaración, formuladas en latín, incluyó a los religiosos Francisco Spinelli, Vicente Romano, María Catalina Kasper, Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús, y al laico Nuncio Sulprizio.
Por su parte, el presidente salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén, quien fue invitado a participar en la ceremonia, indicó, en un comunicado que emitió en el Vaticano, que la canonización Romero constituye un “acontecimiento histórico que nos llena de esperanza y felicidad”.
Nuestra nación está de júbilo. Hoy compartimos con el mundo un acontecimiento que nos llena de esperanza y felicidad: la canonización de nuestro obispo mártir Monseñor Oscar Arnulfo Romero, una de las figuras más influyentes en la historia de nuestro país. #RomeroEnRoma pic.twitter.com/s5qbMMnByd
— Salvador Sánchez Cerén (@sanchezceren) October 14, 2018
Asimismo, y también mediante un comunicado, la Secretaría General de las Naciones Unidas describió a Romero como un ejemplo de lucha por la dignificación de las personas.
“La vida de monseñor Romero ha sido reconocida y valorada alrededor del mundo. Su ejemplo ha inspirado a muchas personas para dedicarse a la dignificación humana, a la erradicación de la pobreza y de la desigualdad”, indicó.
Nacido el 15 de agosto de 1917, y ordenado el 4 de abril de 1942 en Roma, el religioso fue designado, el 23 de febrero de 1997, para desempeñarse como arzobispo de San Salvador.
Romero fue abatido a balazos el 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba misa en la capilla del hospital, un día después de que, durante un sermón, exhortó a los soldados salvadoreños a obedecer lo que definió como la orden de Dios y a abstenerse de reprimir a la población.
En el violento contexto de la Guerra interna salvadoreña (1980-1992), que cobró por lo menos 75 mil vidas, el funeral de Romero, que tuvo lugar el 30 de marzo después en San Salvador, con participación de unas 200 mil personas, fue interrumpido a balazos, con saldo de decenas de víctimas fatales.
