El cuerpo de la cantante fue trasladado hacia la capital mexicana desde la ciudad de Cuernavaca, donde falleció el domingo después de pasar una semana hospitalizada por una bronconeumonía. Al velorio podrán asistir solo familiares y personas cercanas, luego en la tarde el féretro será llevado a la plaza Garibaldi, para recibir el tributo póstumo de sus colegas.
En la Plaza Garibaldi están ubicadas varias de las cantinas donde solía reunirse Vargas con grandes de la música mexicana como José Alfredo Jiménez, Agustín Lara y Pedro Infante, entre otros. Ahí, con su privilegiada voz, la cantante hizo famosos temas como “Volver”, “El último trago”, “Un mundo raro”, “La Llorona” y “Paloma Negra”. El Tenampa, la cantina más famosa de la Plaza, anunció que colocará una pintura de la artista junto a los murales con leyendas de la música mexicana como Infante, Jorge Negrete y Javier Solís.
Homenaje póstumo en el Palacio de Bellas Artes
Los restos de Vargas serán llevados mañana martes al Palacio de Bellas Artes, donde miles de mexicanos la despedirán en una grandiosa ceremonia que México realiza para las grandes figuras de su cultura.
El cadáver de Chavela Vargas será luego incinerado y sus cenizas serán esparcidas en el cerro del Chalchi, cerca Tepoztlán, el pueblo que la cantante amó, donde pasó los últimos años de su vida.
A la intérprete la caracterizaba una voz ronca y apasionada, afectada por el alcohol y el cigarro. Se construyó una vida de leyenda entre los vapores del alcohol, el escándalo por su lesbianismo sin tapujos y su amistad con grandes figuras de la cultura mexicana del siglo XX, como los pintores Frida Kahlo y Diego Rivera, así como de América Latina y España como el cineasta Pedro Almodóvar y el cantautor Joaquín Sabina.
“Yo no voy a morir porque soy una chamana y nosotros no nos morimos, nosotros trascendemos”, dijo Vargas el viernes pasado.
“¡Adiós Volcán!”, le dijo Almodóvar
El cineasta español Pedro Almodóvar, que utilizó varias canciones de Chavela Vargas en películas como “Tacones Lejanos” y “Kika”, le dedicó una carta pública titulada “¡Adiós, volcán!”. “Chavela añadía una amargura irónica que se sobreponía a la hipocresía del mundo que le había tocado vivir y al que le cantó siempre desafiante”, escribió Almodóvar.
“Con su desaparición, se pierde una manera de cantar llorando, un quejío inigualable, una expresividad fuera de lo común. Unos cojones y unos ovarios nunca vistos en la música popular desde la muerte de (el cantor argentino de tangos) Roberto Goyeneche” (18926-1994), señaló por su parte Joaquín Sabina. El Periódicocr

