Más allá de las muestras xenofóbicas que algunos costarricenses muestran hacia el pueblo de Nicaragua y en especial con los inmigrantes que habitan en nuestro país, los ticos por lo general, muestran signos de dolor y conciencia ante los embates de todo tipo que ha sufrido el país al norte de nuestra frontera.
Nicaragua ha sido víctima de golpes de Estado, fraudes electorales, dictaduras interminables financiadas, propiciadas y sostenidas por USA en donde como es su costumbre, eliminan el apoyo cuando ya no tienen intereses en común. Sin embargo, también ha dado a luz a personajes ilustres como Rubén Darío o Ernesto Cardenal, de la misma manera que a Augusto César Sandino; uno de los pocos decididos a enfrentar a los estadounidenses durante 6 años, logrando al fin derrotarlos aunque luego y como es común para héroes de este tipo, fue asesinado por órdenes de Anastasio Somoza.
Terremotos, huracanes, inundaciones también han azotado al país, lo cual y siendo que Nicaragua es el país con mayores recursos naturales en la región pero pésimas administraciones, le convierten en un país “pobre” con una alta tasa de emigración hacia mejores rumbos y oportunidades.
Los proyectos por recuperar al país que desde principios de siglo lucha por establecerse para lograr la paz que generaciones enteras desconocen, han resultado fallidos; dando al traste con la esperanza de un futuro promisorio y la ansiada paz por siempre buscada por parte de nuestros hermanos.
Hoy, el mundo entero observa con aprensión, recelo y resquemor las muestras de disconformidad del pueblo hacia las reformas al seguro social en donde aparte de una reducción a las pensiones y jubilaciones, se pretende aumentar la cuota que deben pagar los trabajadores nicaragüenses.
En medio de las protestas y como siempre, el pueblo es el único que sale perdiendo y pagando las consecuencias. Al día de hoy, los defensores de Daniel Ortega aseguran que su gobierno está siendo víctima de un “golpe blando” que le llegue a derrocar, mientras que sus detractores aseguran buscar el fin de un gobierno represor, autoritario y corrupto.
Con al menos 10 personas que han perdido la vida en medio de las protestas; entre ellos un periodista, decenas de heridos y cinco medios de comunicación obligados a cerrar para que no transmitan los actos de protesta; el panorama no resulta promisorio; aunque ya el presidente Daniel Ortega ha aceptado dialogar con los sectores opuestos a sus reformas.
Indepentientemente de cuál de los “bandos” tengan total o parcialmente la razón, es la totalidad del pueblo y especialmente los más vulnerables quienes terminan pagando los platos rotos de las desavenencias políticas.
Costa Rica debe por su lado, demostrar una buena inteligencia emocional para no descalificar, mostrar arbitrariedad o parcialidad en un asunto que compete de manera exclusiva al vecino país; demostrar apoyo incondicional a los garantes de la democracia y libertades civiles, evitando al máximo propiciar situaciones que pongan en peligro al nuestro.
Como en río revuelto la ganancia es de los pescadores, no han tardado en aparecer oportunistas de todo tipo en donde al tratar de llevar agua hacia sus molinos; se apresuran en emitir criterios que en nada ayudan a mejorar la situación.
Lo cierto es que Nicaragua duele a cualquiera que conserve un mínimo de humanidad, por lo tanto y como nos encontramos atados de manos para ayudarles desde su país, lo mejor que podemos hacer desde Costa Rica, es mostrar empatía por los que se ven obligados a emigrar hacia el nuestro, proporcionarles todos los derechos que merecen y dejar de demostrar o participar de la xenofobia de la que son víctimas cada vez que de ellos se habla, evitemos también y a toda costa, la injerencia negativa y oportunista que todo tipo de parásitos encontrará para hacer gala de sus bajos instintos.