El izquierdista de billetera a la derecha, ese era un espécimen común de nuestra Costa Rica de antes del siglo XXI, realmente funcionó bastante bien como una especie de vacuna contra el radicalismo comunista del siglo XX. Se regalaban bienes y servicios a los más necesitados, se declaran prebendas onerosas para los dirigentes gremiales. En fin, se jugaba con los bienes del estado de mil y una maneras, creando una sensación de bienestar insostenible.
Probablemente este mismo socialismo criollo, con todo lo malo que haya tenido, evitó que los costarricenses quisiéramos apoyar las luchas armadas que arruinaron a los demás países centroamericanos, enlutando miles de familias, mientras las fuerzas armadas arrasaban a los conciudadanos por orden de los poderosos. Nosotros, por muchas razones, evitamos ese mar de sangre innecesario: fue más pacificador el chorro de dólares friedmanianos desde los EEUU hacia el Salvador, que todas las matanzas que se llevaron a cabo entre hermanos salvadoreños. Cuando mejoró el estatus económico de miles de familias salvadoreñas, desapareció la necesidad de la lucha armada, que se hubiera evitado con reformas sociales en la década de los años cincuenta.
En estos aires que corren, se puso de moda un término cuyo cuño es socialista: neoliberalismo, no existe en la realidad porque el liberalismo económico es lo que ha funcionado (bien o mal) y tuvo, después del fin de la guerra fría, un renacimiento extremo que nos ha causado mucho daño a todos.
Posiblemente quienes hablan de neoliberalismo lo hacen aduciendo a un liberalismo sin contrapeso, que ha errado el rumbo real del liberalismo como idea política y económica. Un liberalismo bien dirigido, jamás puede olvidar su papel en el bienestar de todos los estratos socioeconómicos de un país, es decir, debe ser un movimiento respetuoso de los derechos humanos y de la libertad como máximo bien humano. Ahora tenemos la obligación de decir la verdad, no hay vuelta atrás al socialismo (y menos al comunismo) como lo concebimos y practicamos por décadas, pero si cabe la posibilidad de crear una práctica política más justa, con respeto pleno a los derechos básicos del ser humano: el derecho a la salud, el derecho a a educación, el derecho al trabajo. Cada cosa, valga decirlo así y aquí, tiene su precio y hay que financiarlo de una u otra forma, quizá el neokeynesianismo sea una necesidad urgente, para reencausar la economía del mundo.
Veamos un ejemplo patético de economía liberal llevada a ultranza: Beijing ha tenido niveles de contaminación ambiental incompatibles con la salud, por un desaforado frenesí por la riqueza que se ha apoderado de los otrora flamantes miembros del partido comunista chino, ahora miembros de la élite millonaria de ese país. Este desenfreno no ha mejorado las condiciones sociales y laborales de las grandes mayorías chinas, que han aportado el grueso del sacrificio. Esto no es liberalismo ni neoliberalismo, es estupidez humana llevada a extremos, donde la avaricia se ha casado con el autoritarismo, dando origen a un estado totalitario en manos de mal llamados comunistas que ahora son lo que ellos mismos perseguían: ricachones despiadados.
Este fenómeno, a escala mucho más pequeña, causó el deterioro de nuestro sistema de salud, se persiguió como enemiga criminal a la práctica privada de la medicina, por medio de un Torquemada de ocación, después de echarle encima al sistema de salud toda la carga y colapsarlo, no hubo mas que echarle la culpa al neoliberalismo. No podemos ni debemos engañar a nadie de que haya recetas mágicas, pero si tenemos que buscar un justo equilibrio político económico en el desempeño de las próximas administraciones, no exhibir poses mesiánicas que ningún beneficio traen, sino cooperar con ideas viables, sensatas y prácticas.
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