Durante el día se dedica a los quehaceres de la casa. Para que su hogar marche bien hace labores administrativas. Para que la comida alcance, conoce de economía. Cuando sus hijos se enferman, conoce de salud y para que los suyos se vean bien, también conoce de moda. Por la tarde saca un tiempo para estudiar y hasta colabora con un ingreso extra gracias a sus ventas por catálogos entre sus amigas.
Cuando los niños regresan de la escuela, los recibe con una sonrisa, revisa los cuadernos, cura los raspones y ayuda en la tarea que dejó la maestra. Todo lo hace con dedicación, amor y con una sonrisa en la cara. Por fin su esposo llega, ella lo recibe con un abrazo y un dulce beso en sus labios a la vez que le pregunta cómo estuvo su día.
Al llegar la noche disfruta junto a su familia de un rato de televisión o juegos de mesa. Luego de acostar a los niños y con la satisfacción de que, aunque su trabajo no sea remunerado, es indispensable, se entrega a su esposo y los dos se funden en sólo cuerpo en un intercambio de amor. Ella sabe que él no es perfecto, pero sabe que da su vida por ellos.
Este es un hogar donde no hay violencia ni machismo ni feminismo. Es un hogar donde todos halan para el mismo saco. Un hogar donde los triunfos de uno es de todos y si en algún momento, un problema toca a la puerta, entre todos lo enfrentan unidos como familia y salen adelante, sin reproches ni ofensas. Son una familia donde reina el AMOR y el RESPETO.
Por otro lado, está la mujer que se ha “liberado”. La que no siente respeto por sí misma y mucho menos por su marido. La que cree que la libertad es sinónimo de libertinaje y que la igualdad va de la mano con la rebeldía. No importa lo que su marido haga, todo está mal y él es un imbécil.
Ella sólo vio una tabla de salvación, se entregó a él y con un hijo en común lo ató. No tiene ningún propósito en la vida, no quiere estudiar ni prepararse, quiere siempre depender de un hombre económicamente. Ella sabe que para él su hijo es lo más importante y ya tiene asegurado un lugar donde vivir y un plato de comida. Porque sin importar si vive con el padre de su hijo o se va, él tendrá que ponerle un techo a su hijo y dar manutención, así que ella se verá beneficiada. Por eso no depara en usar palabras ofensivas y hasta llegar a agredirlo, lanzarle objetos y lo reta a que se vayaa de la casa. Al fin de cuentas ella sabe que tiene la papa en la mano, pues es más fácil hermanar a judío y palestinos que quitarle un hijo a su “madre”.
Y es aquí donde radica el problema. Ya no hay igualdad, este mundo es de extremos . Antes los hombres sacaban su “macho man” y humillaban a la mujer. Ahora las féminas sacan las uñas y maltratan, usan y humillan a los hombres.
En países donde hay mucha inmigración, este problema se acentúa aún más. Por ejemplo en Estados Unidos, es común ver parejas que son de distintas nacionalidades y él necesitan una “tarjeta verde” para regularizar su estatus migratorio y así lo manipulan. Le hace criarle hijos que quedaron de otras relaciones y les recuerdan que no tienen dónde ir, que no tienen familia cerca y que si no es por ella jamás obtendrá tan ansiada “Green Card”.
Otros, los que ya consiguieron su “sueño americano”, se sienten comprometidos y trabajan hasta 18 horas diarias con tal de darle lo que ella se “merece” aunque él solo reciba gritos y malos tratos a cambio. Lógicamente él jamás le dirá a sus amigos; “vieras que mi esposa me pega”. No su orgullo es tan grande que jamás aceptará eso y mucho menos acudirá a la policía porque la ley de por sí está hecha para proteger a la mujer, no al hombre. Todo eso se va acumulando y el día menos pensado él explota y atenta contra la vida de ella y ahora sí, la ley lo cobija.
Y es que el Libro Sagrado de los cristianos, dice que el Arquitecto de todo lo que vemos, hizo entrar a Adán en un profundo sueño y sacó una costilla de éste y así creó a la mujer. Posiblemente la sacó del centro del cuerpo de Adán para que Eva fuera su par, su igual. Porque si el creador hubiese querido que la mujer fuese menos y estuviera debajo del zapato del hombre, la hubiera sacado del dedo gordo del pie izquierdo del hombre y si hubiera querido que fuese más y estuviera sobre él, la habría sacado de la mandíbula o de alguna astilla del cráneo del hombre.
Creo que es hora de una igualdad de género donde no haya machismo ni feminismo, en la cual predomine el RESPETO, AMOR Y ADMIRACIÓN DE LOS UNOS A LOS OTROS.
La mujer sabia edifica su casa;
Más la necia con sus manos la derriba.
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