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En 1980, Carlos Mejía Godoy escribió una canción que se llama Ay, Nicaragua, Nicaragüita. Inicia a capela. El cantautor le ofrece a su país flores y besarle la frente, de la cual caen las perlas de su sudor, un símbolo del trabajador nicaragüense.

Mejía Godoy baja la voz luego de decir la palabra tronador y ahí entran los instrumentos musicales, como si la palabra tronador los instigara a arrancar.

Escucho la canción mientras veo una reproducción en video de la marcha del Día de la madre, el pasado 30 de mayo, en Nicaragua.

En el video se muestra un horizonte blanco y azul. Son banderas que ondean para la izquierda y luego a la derecha. El público grita pero son cantos de paz. Están recordando las memorias de aquellas personas que han muerto en la represión que sufre Nicaragua en estos últimos días.

Segundos después, latigazos ensordecen el horizonte. Municiones de AK-47, granadas hechizas, y balas de escopeta caen sobre las personas que marchan. La imagen se pierde mientras quien sostiene el celular se agacha. Sólo se escuchan gritos.

Lo pongo en pausa, como si eso detuviera lo que está pasando. Paso a otro video. Es una entrevista que le hace el diario El Confidencial a la directora del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH), la doctora Vilma Nuñez. Ella recuenta lo que fue el proceso de conteo de los muertos y heridos del 30 de mayo.

El corte de la 1 de la mañana del 31 de mayo indicaba 79 heridos confirmados. 45 en Managua y 34 en Estelí. Estas dos localidades fueron las únicas que pudieron comprobar en el momento del corte. 11 murieron ese día.

Desde que comenzó la represión, la cantidad de muertos difiere. Las cuentas son las siguientes: la vicepresidenta Rosario Murillo, entre el 19 y 20 de abril, dijo que había al menos 10 muertos confirmados.

Según la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), al 26 de abril, el total de muertos era 63. El CENIDH contabilizó 60 muertos al 17 de mayo. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), registró 76 muertos al 21 de mayo. Finalmente, la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos censó 81. Todos los registros coinciden aproximadamente en 870 heridos.

Varios testigos y expertos, al igual que lo que se muestra en videos por internet, confirman que las muertes han sido responsabilidad del accionar combinado entre la policía nacional, fuerzas paramilitares y la juventud sandinista.

Muertes que incluyen adolescentes de 15 y 14 años. Algunos disparos provienen de francotiradores. Las tomografías que presentó el Confidencial, en su reportaje del 3 de junio, explican que el ángulo entrada es de arriba hacia abajo, característico de los francotiradores.

Sigo viendo el video de la entrevista con Nuñez. Para ella solo hay un responsable.

Solo en una mente tan perversa, pueden anidarse este tipo de sentimientos y este tipo de acciones.

Pongo en pausa la entrevista. Vuelvo a escuchar la canción. Tronador. Ahí comenzaron los instrumentos musicales en la canción.

Ahora, truena el cielo en Nicaragua. Dispararon los francotiradores contra las madres, con los adolescentes, contra los viejos. Contra el blanco y el azul de su bandera. Truena de día y de noche, con las balas de la represión.

Ay, Nicaragua, sos más dulcita que la mielita de Tamagás, pero ahora que ya sos libre, Nicaragüita, yo te quiero mucho más, canta Mejía Godoy.

38 años después, Nicaragua ya no es libre. Vive una represión que comenzó, oficialmente, el 18 de abril y no se sabe cuándo va a terminar. Lo que sí se sabe es cómo tiene que terminar.

Quién sabe qué canción irá a salir de las muertes que ahora corren en las calles de Nicaragua.

 

 

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