Para el ojo desprevenido, el milagro salvadoreño se cuenta en la caída de asesinatos y calles en calma. Para quienes fiscalizan el poder, la historia de Nayib Bukele tiene un engranaje mucho más oscuro: la deliberada subordinación de las instituciones del Estado para blindar pactos en la sombra.
Un exhaustivo trabajo conjunto entre N+ Univision Investiga y el periódico El Faro, desnudó la arquitectura de esta componenda: el gobierno salvadoreño no solo habría negociado con la Mara Salvatrucha (MS-13), sino que se habría servido del aparato de seguridad pública para liberar y sacar del país a uno de sus mayores criminales.
El protagonista de ese episodio es Élmer Canales Rivera, alias “Crook de Hollywood”, liberado gracias a un acuerdo entre Bukele y las maras, de acuerdo con informes de prensa sobre investigaciones en curso. Esto sucedió apenas en 2021.
El Crook de Hollywood era un hombre con un expediente que pesaba toneladas en los tribunales estadounidenses y a quien le restaban cuatro décadas de condena en la prisión de máxima seguridad de Zacatecoluca, antes de los tiempos del Cecot.
Cuando la justicia de Estados Unidos exigió su extradición, por narcoterrorismo, el poder Ejecutivo salvadoreño activó un operativo de rescate institucional.
Documentos de la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York, firmados por el fiscal John Durham y revelados por N+ Univision Investiga, confirman que “Crook” no se fugó por una rendija: fue extraído por altos funcionarios, alojado en un apartamento de lujo en San Salvador y escoltado hasta la frontera con Guatemala.
La gravedad del hecho no radica únicamente en la impunidad concedida, sino en cómo el Poder Judicial y las instituciones penitenciarias fueron anuladas para servir al pacto. Óscar Martínez, jefe de redacción de El Faro, lo sintetiza con precisión quirúrgica:
«Si alguien algún día quiere construir un caso contra Nayib Bukele por su pacto con la Mara Salvatrucha… Crook es la clave. Él no solo sabe cómo fueron todos los pactos, sino que hay una prueba y una evidencia tajante de que el gobierno de Bukele pactaba con él.»
La confirmación más cruda de esta manipulación institucional quedó registrada en un audio filtrado por El Faro, donde Carlos Marroquín, funcionario de la Presidencia de Bukele, le rinde cuentas a la cúpula pandillera sobre la evasión judicial:
«Yo al viejo lo saqué de adentro, brother, en una forma de ayudarles a todos y de demostrarles mi lealtad y confianza. Yo mismo lo fui a traer allá y yo mismo lo fui a dejar a Guatemala.»
Frente al cerco de las evidencias, la estrategia de Bukele ha sido la de siempre: apelar al populismo de tarima, ridiculizar a la prensa independiente y minimizar el quebrantamiento de la ley:
«Dicen que pactamos con pandillas. ¿Alguien puede creer que eso es real? ¿Alguien cree en eso?»
El caso “Crook” expone la grieta fundamental del régimen: para construir su relato de efectividad, el Ejecutivo no dudó en convertir a la fiscalía, las prisiones y la policía en operadores de un acuerdo clandestino, demostrando que la ley en El Salvador aplica según el libre guion de Casa Presidencial