Privatizar o no privatizar, un dilema en medio de la confusión económica mundial (II)

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Minimizar la verdad, camuflarla o sencillamente no aceptarla por cálculo político o interés grupales, no nos ayuda ni a comprender el cambio en materia económica, política local y mundial.

Tenemos que saber de dónde venimos para saber hacia a dónde vamos, “la verdad os hará libres” es y seguirá siendo una verdad de Perogrullo, y hoy necesitamos saber para comprender los signos de los tiempos que vivimos.

No me inclino por una ni por otra, no por pusilánime pues sí algo aporta la vejez es la pérdida del miedo a decir la verdad, pero sea cual sea tenemos que aprender a vivir con ella, caso contrario sufriremos por nadar un poco de tiempo más contra la corriente, y terminaremos cual sencillo salmón, en las causes de un oso.

Por ahora nos queda la alternativa de elegir ciertas cosas que sucederán, es decir podemos elegir como vivirlas o como sufrirlas, con el menor daño colateral posible.

Hay estudios muy serios en psicología de masas, donde se demuestra que escuchamos lo que queremos escuchar, aún más, se sabe que normalmente quienes leen los diarios, eligen leer lo que quieren leer y se saltan lo que no quieren leer. Lo pondré más simple, hay una frase que describe ese “pensamiento discriminatorio” de manera perfecta: “vemos a los demás como somos”, nos cae mal o bien aquello que vemos en otros reflejado de nuestra propia personalidad, por esa razón la historia tiende a repetirse.

No podemos ver en otros su mismidad real, porque nuestro pensamiento está estructurado a nuestra manera, equivocadamente o no, por lo tanto es una obligación escribir para crear opinión, no para qué nos den la razón y mi caso es crear debate, crear esas cosquillas por comprender el mundo, por ver la verdad sin miedo a que nos equivoquemos.

Lo que es una realidad incontrovertible es que nuestras instituciones, con toda la amargura que nos pueda producir, marchan hacia la privatización lenta o rápidamente, pero de manera inexorable.

Puede sonar a una pose de gurú, o una actitud mesiánica, no, esta es la realidad que tenemos que comprender si queremos vernos menos afectados el día de mañana, o al menos sufriendo lo mínimo con los cambios que se avecinan.

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