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George Rodríguez EP. El president de Nicaragua, Daniel Ortega, no participará en el 73 Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, informaron, este lunes, medios de comunicación de ese país.

Ortega, cuya participación estaba oficialmente programada para el 26 de este mes, no figura en la lista de oradores, de acuerdo con las escuetas versiones periodísticas.

De haber asistido, Ortega habría regresado a ese foro luego de 11 años de ausencia, ya que su participación más reciente data de 2007.

Al conocerse, la semana pasada, que el gobernante figuraba en el penúltimo lugar en la lista de oradores, organizaciones de nicaragüenses opositores radicados en Estados Unidos –incluida la representación local de SOS Nicaragua- anunciaron su presencia, en las inmediaciones de la sede de la organización mundial en la nororiental ciudad estadounidense de Nueva York, para expresar repudio a Ortega.

El presidente planteó el 10 de setiembre, en una entrevista con el canal de televisión France 24, disposición a asistir al encuentro mundial, y dijo que el cónclave podría ser el marco para una reunión con su contraparte de Estados Unidos, Donald Trump.

“Yo he dicho que estoy dispuesto a conversar con él”, aseguró el mandatario nicaragüense, quien agregó que “el principio del intercambio, del diálogo con una potencia como Estados Unidos (…) es algo necesario e imprescindible”, y señaló que la próxima sesión de la Asamblea General “podría ser una oportunidad”, una reunión a la que “me gustaría ir”.

No obstante, Ortega denunció que Nicaragua está permanentemente amenazada por Estados Unidos, lo que plantea el potencial riesgo de una acción armada.

“Sencillamente estamos bajo la amenaza”, aseguró, para advertir que, “de Estados Unidos, no se puede descartar nada, incluso una intervención de tipo militar”.

Ortega hizo referencia a que, durante el gobierno revolucionario (1979-1990),  del cual también fue presidente, Estados Unidos financió a una fuerza contrarrevolucionaria armada –“la contrarrevolución” o “la contra”-.

El mandatario aseguró que, actualmente, “hay grupos armados uniformados (…) entrenados por Estados Unidos”.

Sin embargo, en declaraciones que formuló en Washington, ocho días después, el embajador estadounidense en la Organización de los Estados Americanos (OEA), Carlos Trujillo, dijo que, desde el punto de vista del gobierno de Trump, no había “nada que hablar” con Ortega.

El mandatario es severamente cuestionado, dentro y fuera de Nicaragua, por la violenta crisis sociopolítica en cuyo marco su gobierno mantiene acciones de represión policial y parapolicial antiopositora.

La dramática situación estalló el 18 de abril, a causa de un decreto presidencial que apuntaba a reformar el sistema de pensiones del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).

El retiro, días después, del decreto, determinó que la masiva protesta popular que estaba en desarrollo se enfocase en la exigencia de que Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, renuncien a sus respectivos cargos.

La respuesta de la pareja gubernamental ha consistido en intensificar la represión, que ha cobrado alrededor de 500 vidas, y generado más de dos mil heridos, detenidos y desaparecidos.

La crisis también ha causado daño considerable a la economía nacional, lo que, según diversos cálculos, incluye el cierre de un elevado número de medianas y pequeñas empresas, y la consecuente pérdida de cientos de miles de empleos.

Asimismo, ha determinado que miles de nicaragüenses emigren, principalmente hacia la vecina Costa Rica -donde más de veinte mil personas han solicitado refugio-.

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