
REDACCION EP. Un grupo de manifestantes, indignados por la masacre de los 43 normalistas de Ayotzinapa marcharon hasta el Palacio Nacional (sede del Ejecutivo) e incendiaron la puerta principal mientras gritaban “Fue el Estado”, Fuera Peña”.
Eso pasaba mientras otro grupo de manifestantes gritaba “Sin violencia”, en su intento por mantener la manifestación pacífica convocada a través de las redes sociales.
Luego del ataque al Palacio Nacional se registraron choques entre los manifestantes y policías, dejando dos heridos y tres personas detenidas.
Los manifestantes marcharon este sábado desde la Procuraduría General de la República (PGR) hasta el Zócalo capitalino exigiendo justicia por la desaparición de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. La masacre ha conmovido a los mexicanos y la solidaridad ha llegado de todas partes del mundo.
Lo de Palacio Nacional es vandalismo…urge ubicar respinsables pic.twitter.com/TP91UwFMpo
— Y Libranos del Pan (@ylibranosdelpan) noviembre 9, 2014
Las organizaciones civiles denunciaron que el Gobierno federal ha restado importancia a la masacre perpetrada contra los estudiantes, ya que para dar por cerrado el caso argumentó que los normalistas fueron ejecutados y calcinados, sin responder a otras interrogantes. Sostienen que los restos encontrados en bolsas de basura podrían pertenecer a otras personas, ya que no les han practicado los exámenes de ADN.
Punto de hartazgo y de no retorno
Sergio Aguayo, profesor e investigador que lleva más de cuarenta años estudiando la violencia en México aseguró en una entrevista con el diario español La Vanguardia que la muerte de los 43 normalistas se dio bajo ciertas circunstancias y que existe “una fatiga de la compasión”. “He estudiado y seguido guerras en diversos países, he escrito libros sobre refugiados… Y aquí estamos ante una violencia estructural, que es el resultado de múltiples factores, no todos atribuibles al presidente Peña Nieto. Pero lo que es atribuible a Felipe Calderón (el anterior presidente) y a Peña Nieto y es la indiferencia ante las víctimas. Eso es absolutamente demostrable”.
Asegura que en México se ha llegado a un punto de hartazgo y de no retorno, y porque ha habido también un acompañamiento internacional poco común, porque la violencia en México ya no es noticia.
“Cuando, sobre todo a partir del 2008, se desencadena la violencia criminal en México, a todos nos sorprendió la virulencia e intensidad de esa brutalidad, porque la manera en que nos estamos matando es alucinante, enloquecedora. Entonces empecé a buscar una explicación… Para no darle vueltas: esta violencia se ha ido construyendo durante 90 años y tiene a toda la región (del Caribe) como protagonista. La violencia tiene que ver de manera directa con la fortaleza o debilidad del Estado, eso no es ningún secreto”.
La historia, resumida, es la siguiente: en los años veinte del siglo pasado surge el crimen organizado en Estados Unidos con el contrabando de alcohol. Con el tiempo, la “cosa nostra” tiene su base latinoamericana en Cuba para el tráfico de cocaína procedente de Perú y Bolivia, hasta la revolución cubana. En los años ochenta, cuando el Gobierno de EE.UU. ha logrado fragmentar y diezmar a la “cosa nostra”, Colombia ocupa el lugar de los narcotraficantes cubanos de Miami, con Pablo Escobar como figura notoria. La lucha contra los cárteles colombianos tendrá como resultado que México ocupe su lugar. Y la violencia a consecuencia del narcotráfico en Colombia se reproducirá en México”, sostiene el profesor Aguayo.
Este sábado las protestas se dieron en todo el país y en Guerrero, donde aparecieron los estudiantes, se incendieron nueve vehículos en los alrededores del Palacio del Gobierno en la ciudad de Chilpancingo. Se espera que la jornada de protesta continúe este domingo en varias ciudades mexicanas, mientras que en otras partes del mundo, las redes sociales han servido para visibilizar la situación de los mexicanos, quienes en general, piden la renuncia de Peña Nieto y un cese a la violencia.