Imagen tomada del Instagram oficial de la canciller Angela Merkel.
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Marlon Segura*

Director escénico, analista y coach no verbal

Una imagen dice más que mil palabras reza el dicho popular y quizá sea cierto, porque hay imágenes que tienen el poder de comunicar y de generar muchas cosas. La fotografía de la que les voy a hablar, no es la excepción. Hace pocos días un amigo me envió esta imagen. Cuando la vi, lo primero que pensé fue que no era real. Tenía que ser un montaje. El presidente Donald Trump se veía fuera de lugar. Literalmente, me daba risa. Yo llevaba días analizando imágenes y vídeos de la crisis que azota a Nicaragua y había olvidado por completo la cumbre del G7. De mi amigo Carlos  recordaba que recién venía de representar a Costa Rica en el Global Solutions Summit. Ahí tuvo también la oportunidad de conocer a Angela Merkel. Y como él seguramente todavía anda su mente en el ‘modo Merkel’, pensé que se le ocurrió enviarme esta broma. “Sí es verdad, pasó en el G7”, me escribió. “Entré a mi muro. Ahí está el post.”

Entré y, efectivamente, había un link que lo demostraba. Me puse a leer varios resúmenes de qué había pasado en la cumbre y no podía evitar relacionarlo con la imagen. ¿Será que esta imagen puede sintetizar lo que fue la G7? Cuanto más leía, más indicios lo confirmaban. Lo que no entendía era cómo el equipo de Merkel la veía bien parada en esa imagen. Para mí algo había en ella que no lograba el objetivo de comunicarle como líder fuerte, la que presiona, la que busca una línea en común. Y, por otro lado, aunque Trump no calzaba, parecía robar la atención. Me decidí a estudiarla un poco para ver si al equipo de Merkel le tenemos malas noticias o no.

Un momento inusual entre Merkel y Trump en la recién finalizada cumbre G7, celebrada entre 7-8 de junio en Canadá. Imagen tomada del Instagram oficial de la canciller Angela Merkel. Uno de los temas de la cumbre fue el proteccionismo comercial y la reforma a la Organización Internacional de Comercio. Otro de los contenidos fue el rol de Rusia en diversos países y su apoyo al régimen de Siria.
1. Donald Trump, presidente de los Estados Unidos. 2. John Bolton, consejero de seguridad nacional de los Estados Unidos. 3. Kazuyumi Yamazaki, ministro de asuntos exteriores de Japón. 4. Shinzo Abe, primer ministro japonés. 5. Yasutoshi Nishimura, secretario de gabinete adjunto japonés. 6. Angela Merkel, canciller alemana. 7. Emmanuel Macron, presidente de Francia. 8. Theresa May, primera ministra británica. 9. Larry Kudlow, director del consejo económico estadounidense.

Jugando escuelita

La primera impresión fue una escena escolar. Una escuela internacional privada en algún lugar del mundo. Merkel es la directora de primaria. El pequeño Donald está sentado. Se resiste a cooperar. Su comportamiento desafiante no es novedad. Esta vez ella intenta presionarlo. Quiere conocer detalles de qué fue lo que hizo, por qué lo hizo, y necesita saber por completo qué es lo que planea hacer. En sus adentros, desearía expulsarlo. Él lo intuye. Disfruta, incluso, quiere reírse. Sabe que nada ni nadie lo harán hablar. Su espíritu no es colaborador. Poco o nada lo va a intimidar. En el centro se coloca el maestro Mr. Shinzo. Con sus brazos cruzados aparenta resignación. Este es un hombre acostumbrado a amoldarse a la situación, y evitará involucrarse en un posible conflicto. Su rol es más que todo ser testigo. De corbata roja está el padre que acepta los caprichos que el niño demanda. Su filosofía es que las reglas están hechas para la gente promedio. Él sabe el hijo que tiene, aunque para no enlodar a su chiquito y verse como ‘buen padre’, se hará el sorprendido.

Los que no se “mueven”

Vestida de blanco hueso, la mesa es un personaje en la escena. La pobre quedó atrapada en medio de dos bandos opuestos, ayudando inevitablemente a crear una frontera entre intereses desiguales. Por su longitud, la negociación no es la especialidad de este tipo de mesas. Por un lado distancia a la tribu que exige una respuesta y, por otro, contribuye a que Donald Trump sea el ‘lone wolf’ (lobo solitario). Queriendo pasar por desapercibido, está un vaso con agua. Tal vez es el único en calma. ¿Quién ocupará de este líquido?

El primer ministro japonés Shinzo Abe tiene una postura de brazos ligeramente similar a Trump, pero hay algo que lo diferencia por completo. Contrario a Trump, sus manos no están ocultas lo cual permite que se le pueda percibir con un tono tenuemente más casual. La leve inclinación de su cabeza hacia el lado derecho sugiere estar atento a lo que se dice. Emmanuel Macron no solo está a la par de la canciller Merkel, sino que coloca su mano derecha sobre la mesa. Esto permite que se le perciba como su aliado.

Echémonos un pulso

Normalmente, se cree que quien abarca mayor espacio tiene poder. A veces sí, a veces no. Por el ángulo en la que fue tomada la imagen, Merkel parece tener espacio libre tanto del lado derecho como del izquierdo, un tanto más de su lado izquierdo. Esto ayuda a que gran parte de nuestra atención caiga en ella, otorgándole uno de los roles protagónicos. Sus manos se imponen sobre la mesa. La mano izquierda va y apunta hacia Trump, la mano derecha se queda en ‘modo de espera’, en reserva. Este tipo de posturas, normalmente, se asocian con ‘estar al mando’ (being in charge), y ha sido utilizada con efectividad por líderes como Barack Obama. En Costa Rica, durante la reciente campaña política, Otto Guevara y Juan Diego se publicitaron colocando el cuerpo de manera similar. Esta actitud refleja el reptil interno que llevamos, ese impulso agresivo de nuestro origen animal. El zoólogo y etólogo británico Desmond Morris diría que en esta postura se puede ver el ‘simio al ataque’ o ‘el mono desnudo’.

Una Merkel algo cansada apoya las manos sobre la mesa. La posición de sus manos no es simétrica, lo cual sugiere que no hay armonía. Su mano derecha señala hacia Trump. Su pecho se aprecia cóncavo. ¿Intenta Merkel mostrarse desafiante? Trump se cruza de brazos, pero no es el único gesto que le delata como alguien que no está dispuesto a ceder.

En contextos de guerra entre naciones, diversos líderes han utilizado esta postura para transmitir una sensación de control, insinuando que se debe ir adelante, que no hay nada que temer. Merkel parece ser la que proyecta fuerza y seguridad, la que está dispuesta a entrar en acción, pero hay algo que no le ayuda del todo. La clave está en sus hombros y en su mirada. En su caso, están algo encogidos, haciendo que el plexo solar se hunda. Su mirada refleja cansancio. Para restarle fuerza, Donald no la mira. Parece mirarla, pero no es a ella a quien él dirige la mirada. Si de mortificar se trata, acá Trump sumaría un punto.

Merkel de párpados ligeramente caídos y con su mirada enfocada en Trump. El presidente estadounidense mira hacia otra dirección. La mirada se percibe endurecida. El mentón está ligeramente elevado como diciendo: “Venga, lo reto a que lo haga, y verá lo que sucede.”

Cuando escandalizar es mi pasión

Trump no tiene el cuerpo angulado hacia Merkel, y como el macho alfa que es, exhibe los genitales. Esto lo hace abriendo sus piernas de forma amplia. Él es el gran animal de la manada, el que manda, el que espera ser obedecido y respetado por el resto del grupo.

Los brazos los tiene cruzados. Popularmente, se cree que es un signo indiscutible de rehusarse. En algunos casos sí, pero dependerá del contexto. Hay personas que lo hacen para tranquilizare o para darse un poco de calor ante el frío. En él hay contención. Al no vérsele las manos, tenemos una pista de que no hay interés de conexión entre él y la manada. El ángulo de su mentón, ligeramente elevado, se tiende a asociar con arrogancia. En los labios se observa una ligera expresión de diversión. Esto lo hace empujando sutilmente las comisuras de los labios hacia cada lado. De esta manera, da la impresión de retener sus pensamientos, lo cual genera aún más curiosidad por saber qué piensa realmente. Hay rostros a su alrededor que están tensos, vigilantes y algo cansados, como el de Merkel, mientras que él juega a no mostrarse ‘afectado’. Trump puede dejar la duda de si aplica o no aquella frase de Maquiavelo: “Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.”

Joe Navarro. Analista con 25 años de experiencia en el FBI como evaluador de comportamiento. Autor de Más fuerte que las palabras. En Navarro se puede apreciar la postura de seguridad y liderazgo que Merkel parece haber intentado comunicar. Obsérvese que los hombros no están tensos y que el plexo solar no se hunde. Las palmas de las manos no tocan por completo la mesa, permitiendo que el aire circule. Como un todo, el cuerpo da la sensación de estar listo para avanzar. Imagen tomada del Facebook de Joe Navarro.

¿Y el supuesto ganador es…?

Si hacemos una línea hacia quién apuntan las miradas de los líderes que aparecen en la imagen, tanto Merkel como Macron (colocado a su derecha) miran a Trump. A Theresa May solo le vemos parte de su cabellera gris, pero por el ángulo que el que está colocada su cabeza, puede que también lo esté mirando. Acá sumariamos, al menos, dos puntos más para Trump. La atención por tanto recae en él, y él es un experto en eso, en buscar cómo ser el centro del huracán, sabe bien que por la forma que coloca su cuerpo, puede afectar cómo los demás lo perciban. Irónicamente el que está sentado y aparentemente disfrutando, es el que parece tener la bola en sus manos. Este es un hombre que se deleita en mostrarse impredecible. De lo que estén hablando estos líderes, pasa a un segundo plano, pues el cuerpo tiene el peso del mensaje. Merkel no lo hace mal, pero el objetivo no parece haberlo cumplido del todo, pues Trump parece representarle, más bien, un dolor de cabeza.

En la escena, casi todos los presentes se miran como políticos “tradicionales”, pero en Trump, para empezar, algo no calza. Después de todo él ganó una elección vendiéndose como el anti-establishment, siendo un no político de carrera. Así de sencillo. Y como el cuerpo comunica permanentemente, acá él refleja el motor que lo impulsa: hago lo que me venga en gana y me comporto como me dé la gana. Después de ahí, lo que yo decida, queda en suspenso.


Sobre el autor del artículo:

Marlon Segura, es egresado en teatro y cine con énfasis en Ciencias Políticas, Universidad de Costa Rica-Kansas. Master en educación internacional, Universidad de Massachusetts. Estudios de análisis de movimiento, Ecole Jacques Lecoq, París.

Edición: Margarita Chaves, Universidad de Costa Rica.

Mi agradecimiento a Carlos René Siri, actual estudiante de la maestría en Administración de Negocios, INCAE, Costa Rica.

 

 

 

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