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Anteayer comenzó el mes más largo del año. No por los días, ya que tiene 31, igual que otros meses. Sino por la carrera política más intensa que ha visto nuestro país en mucho tiempo. Sí, es probable que nos lleguemos a hartar de entrevista tras entrevista (las que sí se dan), debate tras debate y pelea tras pelea en las redes sociales. Pero de eso hablamos luego.

En cada esquina del país hay alguien que está a favor, o en contra, de alguno de los dos candidatos. O de los dos o de ninguno. Y eso no es bueno, ni malo. No. Ese juego de palabras no es más que la realidad. Costa Rica, aquella que había dormido tranquilamente en una contienda electoral ralentizada durante años—¿para qué ir a votar? ¿Para qué cambiar, si todos son lo mismo?—ahora está incómoda.

Incomodidad suficiente para sacar a la luz nuestras emociones. La frustración de no saber cuánto costará comprarle la comida a nuestros hijos dentro de un año, o seis meses. El miedo que conlleva bajarse del bus de noche y correr a la casa viendo por encima del hombro. La pasión, la felicidad, de saber que el candidato que uno escogió sigue en la contienda. O el placer de decir: ‘se lo dije’. Sea cual sea, usualmente vamos a decir por lo que sentimos, aún cuando estamos frente a datos y ciencia.

Para Costa Rica, un país que siempre sentimos de paz, los tiempos que vive son violentos. Aumentaron los actos de violencia contra la comunidad LGBTI. Cerraron escuelas donde los niños no sólo iban a aprender, sino a comer su única comida del día. Las redes sociales hierven con odio de todos los lados. Insultamos a diestra y siniestra. O se juega muy de intelectual, o se juega muy de santo, cuando en realidad no somos ninguno de los dos. Es un síntoma de la ilusión de inmunidad que nos da la pantalla. Tal vez lo más sano es salirse de las redes por un tiempo. Estar en reposo, como dicen.

Pero hay señales positivas. El más reciente debate tocó temas  medulares: cambio climático, energía y carbono neutralidad. Hay que dar crédito a quien se lo merece, por lo provechosas que han sido las intervenciones de las posibles Primeras Damas.

Es responsabilidad del resto de instituciones encargadas de los debates continuar, y profundizar, en todos los temas que conciernen a nuestro país y no centrarse en un tema que, en realidad, no es de debate, sino de Derechos Humanos.

Las emociones despertaron un nuevo andar político en Costa Rica. Sí, ninguno de los candidatos es perfecto. Nunca lo serán. Ninguno de los electores son perfectos. Nunca lo seremos. Espero que, luego de discutir aireadamente, nos demos cuenta que este pequeño paraíso que teníamos ahora está lleno de ciudadanos frustrados que le temen a la incertidumbre del futuro.

Siempre se había dicho que, a diferencia de nuestros vecinos centroamericanos, (latinoamericanos inclusive), Costa Rica era inmune a los extremos políticos, al odio, a la violencia. Tal vez no éramos inmunes, sólo nos habíamos atrasado.

Por eso, deberíamos dejar de lado las emociones por tan sólo un segundo, para tratar de entender cuál es la mejor decisión. Este mes que entra será el más largo de este año. Queda en nosotros decidir si marzo será el inicio de los cuatro años más largos que le esperan a nuestra joven, inexperimentada y hasta entonces relativamente pacífica historia política.

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