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miércoles, febrero 1, 2023

La guerra enemiga de los Derechos Humanos

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Redaccion El Periodico CR
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Un llamado a la sensatez en el día de los Derechos Humanos

¿Cuánto nos vamos a aguantar lo de la invasión? ¿Tendremos paciencia hasta que los organismos internacionales –que más bien parecen rehuir esa responsabilidad- nos resuelvan el conflicto, con una dudosa intervención “de fuerzas de paz”?

En Costa Rica cada vez hay más llamados a la acción militar, lo cual sería provocar reacciones en cadena. Un llamado de este tipo, que incluso llegó a anunciar don Carlos Fernández en su programa Charlemos en Radio Actual, por dicha no llegó a producirse.  Pero si es cierto que algunos pocos, pero influyentes ciudadanos costarricenses comenzaron a clamar por ella, y son cada vez más quienes se manifiestan a favor de este tipo de “solución”.

En diciembre de 1978, hace 32 años, también pasamos el fin de año, sometidos a tensiones de guerra. Claro, eran otras las circunstancias, porque entraba en su ocaso la estrella de la dinastía de los Somozas. En ese momento los expresidentes Carazo y Figueres Ferrer compartían responsabilidades en mantener la paz, con el apoyo de Carlos Andrés Pérez y Omar Torrijos, frente al anuncio de que Somoza planeaba bombardear puntos neurálgicos de Costa Rica. Libros testimoniales de costarricenses como “La insurrección en Nicaragua” de Julio Suñol, “La guerra no declarada” de Juan José Echeverría y las “Memorias” de Rodrigo Carazo, explican claramente lo complejo de la internacionalización del conflicto que amenazó con llevar la guerra civil sandinista a niveles de guerra regional en el Caribe.

En un contexto muy diferente, quienes hoy claman por recuperar la soberanía “manu militari” no cuentan con ningún líder político ni expresidente, y por el contrario se hacen eco de escritores renombrados de la derecha latinoamericana. Algunos de ellos blasonan su admiración por la hegemonía imperialista de los Estados Unidos, muchos se han enlistado en sus ejércitos y han servido bajo esa bandera. Otros se dejan llevar por un patriotismo emocional y aunque encuentran que no toda manifestación de esa hegemonía es buena, y censuran las operaciones encubiertas como las que hiciera la CIA financiadas por el narcotráfico a favor de la contrarevolución centroamericana, si muestran su impaciencia creciente y critican acremente la falta de pantalones del gobierno.

Muchos usan los peores epítetos para denigrar la proclama de neutralidad activa, perpetua y no armada con que Luis Alberto Monge hubo de contrarrestar a los halcones republicanos y demócratas que financiaron la guerra de baja intensidad, la “guerra sucia” contra el sandinismo y los revolucionarios centroamericanos de entonces. Recordemos que el nuevamente protagonista “Cero” estuvo a sueldo, entonces de la CIA, ahora le paga el régimen de Ortega, que con esta opereta, pretende garantizar su reelección. Muchos de los tiranuelos y torturadores graduados en la Escuela de las Américas, aprendieron que al movilizar al pueblo contra una amenaza –ficticia o verdadera- lograban mayor popularidad y borraban de un plumazo a la oposición.

Sería un inceptable retroceso en la historia de Costa Rica que por tan obvia provocación, se pretenda levantar un ejército. Ya es suficientemente peligroso que se haya llamado a reorganizar la “reserva de la fuerza pública” ¿De qué se trata esa “reserva” si no es una milicia de soldados veteranos de guerras imperialistas? Comprometería nuestra identidad, nuestras tradiciones y nuestra historia que se abandone el proceso de ampliar y profesionalizar la policía, y se constituya un nuevo “cuerpo de patrullaje de fronteras” con formación netamente militar. Pero además sería aún más grave que el yerro de don Abel Pacheco al aceptar que Costa Rica entrara en la lista de los aliados de Estados Unidos en la invasión a Irák.

También es contradictorio con las recientes políticas de disolución de los ejércitos en Panamá y Haití, la Convención internacional contra las armas livianas, las buenas intenciones del consenso de San José y los esfuerzos para el desarme mundial, de nuestro Premio Nobel, durante la recién pasada administración Arias Sánchez. Lástima que don Oscar pretendió ser candil de la calle, sin percatarse de la oscuridad en su casa, mientras su hermano asumía las responsabilidades de “capataz de la finquita”. No ha quedado clara la participación de ninguno de ellos, cuando permitieron que los organismos de inteligencia y seguridad del estado cometieran vulgares estafas desde las computadoras de la Casa Presidencial; las razones para que se aliaran con el presidente Uribe de Colombia, quien siendo gobernador en Antióquia, fuera responsable del sicariato paramilitar y la muerte de centenares de alcaldes y regidores de la izquierda, democráticamente electos. Tampoco queda claro, y esperamos que la próxima entrega de los “Wikileaks” lo explique, la forma cómplice en que se recibió al entonces Presidente constitucional Manuel Zelaya, como un paquete de entrega inmediata, por un avión militar que Costa Rica le permitió escapar del hangar oficial, sin cumplir las leyes de Aviación Civil.

En este día de los Derechos Humanos, quisiéramos saber ¿cuáles son las condiciones del Departamento de Estado, que obligan a Costa Rica a colaborar con el sanguinario y mortífero juego de poder que sigue asolando las clases desposeídas, los indígenas y campesinos, a favor de las empresas transnacionales en Centroamérica? De esta guerra de cuarta generación ni siquiera se responsabiliza la señora Hilary Clinton. Tal vez el Sub Secretario Valenzuela podría tratar de explicarla, como lo hiciera en Chile, al negar toda responsabilidad de la ITT, la CIA y la embajada estadounidense en el golpe de estado contra Salvador Allende.

Hoy debemos preguntar por qué un país sin ejército sigue aceptando que predominen las versiones de los oscuros capitanes de la guerra sucia enquistados desde la administración Bush tales como John Dimitri Negroponte y Otto Reich, o un exterminador como Billy Joya, o la oligarquía terrateniente, industrial, comercial y financiera, responsables del régimen de terror y exterminio a que se somete el pueblo hermano de Honduras. Han muerto ya cientos de dirigentes del Frente Nacional de Resistencia y Costa Rica, campeona de los Derechos Humanos acepta el golpe de estado y le da largas al régimen de Pepe Lobo.

¿Por qué a la vez que en el día de los Derechos Humanos celebramos que el gobierno acaba de enviar una reforma a la Asamblea Legislativa para elevar la neutralidad y la paz a garantías constitucionales, también debemos censurar que quiera aprobar por otros seis meses los permisos para que ingresen sin control docenas de barcos de la armada estadounidense?

Si en forma acertada el Consejo de Gobierno, los ex Presidentes y los ex Cancilleres respaldaron la opción de la Presidente, por el derecho internacional, debe observarse la vigencia las normas del Convenio de contra el trasiego de sustancias psicotrópicas. Este condiciona que el patrullaje lo ejercerían los barcos de los cuerpos de orden y seguridad (Servicio de Guardacostas) y no los barcos militares,(US Navy). ¿Por qué se otorgan esos permisos contra el texto del convenio? Al abrir el control legislativo a que se ejerza cada 6 meses, con una extensa lista de navíos de guerra, el estado costarricense se inhibe de un verdadero control, como lo exige la Constitución, por ejemplo en caso de una movilización militar regional o continental. Cualquier escalada militar en el Caribe, o entre Costa Rica y Nicaragua en virtud de un conflicto fronterizo, abriría peligrosamente la puerta a que además de la presencia ya autorizada del ejército de Estados Unidos, se sumen soldados con cascos azules, ya sea autorizados por la OEA en el marco del Tratado de Río, o por del Consejo de Seguridad de la ONU. Imaginemos que esos soldados fuesen de nacionalidad canadiense (como fue ofrecido) o colombiana, como le convendría al ajedrez de posiciones en el proceso armamentista que se está dando en el Caribe, desde que se reactivó la Cuarta Flota, desde otra perspectiva, podríamos pasar de nuevo el fin de año o la primavera del 2011 en grave peligro de involucrarnos en un conflicto militar internacional.

¿Cómo “pacificar” Isla Calero? Desde fines de octubre planteamos en el Centro de los Amigos Cuáqueros para la Paz, la posibilidad de organizar una “caminata” de pacifistas, para la toma no violenta de la zona en conflicto. Con el compañero Salvador “Chava” Jarquín, miembro del Centro que actualmente está en Nicaragua, valoramos iniciarla a la vez en varias ciudades de ambos países. Eventualmente llegamos a la conclusión de que cualquier caminata terminaría por abordar necesariamente, una flotilla de lanchas, planas o canoas, para llegar hasta la desembocadura del San Juan, con jóvenes y artistas, con música popular y autóctona, con los corazones henchidos de patriotismo pero con un sí a la vida, no a la muerte. Si bajamos por el San Carlos, el Sarapiquí …o remontamos el Colorado, tenemos que pasar por los puntos que el Gobierno de Costa Rica está resguardando en las confluencias con el San Juan, por lo que sería indispensable un permiso para seguir con el proyecto de la toma con banderas blancas de Isla Calero. Igualmente los nicaragüenses que se sumaran a esta iniciativa, tendrían que solicitar permiso a sus autoridades, y en ambos países esto parece muy poco viable. Con sólo algunas consultas, se nos ha pretendido disuadir de tal proyecto, porque podría desencadenar las acciones violentas que precisamente queremos evitar.

¿Será necesario pasar por un tiroteo, muertes imprevistas, o una eventual invasión a zonas pobladas costarricenses por tropas nicaragüenses y una declaratoria de guerra, para iniciar las negociaciones de un nuevo tratado que supere el Cañas-Jerez?

No, la defensa de los derechos humanos de ambos pueblos nos debe llevar a pensar muy bien nuestros actos. Cada vez que nos ataque la impaciencia y que apretemos los dientes ante la exaltación del patriotismo, o cuando al cantar el himno nacional, se nos convierta en tortura la famosa estrofa “Cuando alguno pretenda tu gloria manchar” tenemos que reflexionar…¿cuál será nuestra verdadera gloria?

¿Habremos de caer en la trampa de una civilización guerrera, consumista, explotadora, excluyente y corruptamente hipnotizada por el heroísmo militar? Los costarricenses sabemos que la defensa de los Derechos Humanos no puede aceptar toda esa la publicidad subliminal que sirve de campaña de ventas para los mercaderes de la muerte. Sabemos que es mejor ser congruentes con nuestras tradiciones, la paz y el derecho internacional. Sepamos buscar una salida para triunfar en el proceso de la civilización no violenta.

San José, 10 de diciembre, 2010.

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